
Rafael Márquez, técnico de la Selección Mexicana que fue recibido junto con Guillermo Ochoa y Javier Aguirre como auténticas estrellas de rock, adelantó que en su gestión todos los partidos serán importantes y ninguno encajará en el término peyorativo de molero.
El “Káiser” recordó que, durante su etapa como futbolista, siempre moría por defender la camiseta del Tricolor, plantándole cara a las constantes críticas de la prensa hacia los encuentros amistosos celebrados en territorio estadounidense.
Las tres figuras del balompié nacional participaron como ponentes estelares en el prestigioso evento México Siglo XXI, organizado por la Fundación Telmex Telcel. Ante miles de becarios reunidos en el Auditorio Nacional, el michoacano platicó sobre su regreso al banquillo de la escuadra azteca.
Ahí confesó el poderoso motivo por el cual le resultó imposible rechazar la propuesta cuando el “Vasco” Aguirre y los altos mandos de la Federación Mexicana de Fútbol le llamaron: “Estar en el Barcelona B me ayudó a entender muchas cosas, a prepararme mejor”
“Fueron dos muy buenos años. Después recibí la llamada de Javier, de la FMF, y es muy difícil decirle que no a México”, detalló Márquez respecto a su salida de las fuerzas básicas blaugranas. En ese mismo sentido, el exdefensor enfatizó el gran valor que tiene representar al país, desmarcándose de los calificativos despectivos que rodean al entorno tricolor:
“Yo siempre, como jugador, moría por venir a la Selección, así fuera un partido molero, como lo llaman los periodistas. Yo quería venir y quería representar a mi país”.
El inesperado salto al Mónaco y la ignorancia geográfica
Durante la charla, Márquez rebobinó el videocasete para recordar cómo inició su brillante trayectoria en Europa, la cual arrancó de forma casi accidental cuando apenas tenía 19 años. En 1999, Manuel Lapuente lo convocó para encarar la Copa América en Paraguay, un certamen donde el joven canterano del Atlas terminó ganándose la titularidad indiscutible.
Su impecable desempeño frente al representativo de Chile cambió su destino para siempre. Visores del AS Mónaco habían asistido al encuentro con el único objetivo de dar seguimiento al defensor andino Pablo Contreras, pero quedaron maravillados con las condiciones del juvenil mexicano.
“Yo no esperaba ser titular de la Selección, tenía apenas 19 años. Da la casualidad de que en un partido contra Chile agentes de Mónaco fueron a ver a un jugador de Chile, que es Pablo Contreras. En la noche siguiente fueron a mi hotel, se presentaron y me dijeron: ‘¿Te interesaría jugar en Mónaco?’”, relató el estratega entre las risas de los asistentes.
La propuesta económica y deportiva era irrechazable, aunque el propio Rafael admitió que su juventud lo hizo dudar por un instante debido a un divertido desconocimiento geográfico: “Yo, obviamente ignorante, dije: ‘¿Dónde queda Mónaco?‘’ “¿Pero es Europa?’ ‘Sí. Sí, quiero ir’”.
Una promesa cumplida a las ocho de la mañana
Para cerrar su intervención, el cinco veces mundialista conmovió al auditorio al revelar el pacto sagrado que hizo con su padre cuando apenas era un niño que soñaba con patear balones a nivel profesional.
“Yo tenía en mente que quería jugar en Europa. Yo, en vez de ver Chabelo, veía fútbol italiano a las ocho de la mañana y yo le dije a mi padre: ‘Yo algún día voy a jugar ahí’. Solo jugué en Verona para cumplir con esa promesa”, sentenció con nostalgia la actual mano derecha de Aguirre, demostrando que la mentalidad ganadora lo acompañó desde la cuna.
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