
Desde que la familia de Donald Trump dejó la casa donde vivió sus primeros cuatro después de nacer, la propiedad construida en el condado de Queens, Nueva York, ha cambiado de propietario en varias ocasiones, algunas de ellas mejorando su estado de conservación y otras haciendo que el abandono la haya ido deteriorando a tal grado que sus penúltimos habitantes fueron un grupo de agresivos gatos callejeros.
La casa de estilo Tudor fue construida por Fred Trump, padre del actual presidente de la nación y quien como desarrollador inmobiliario tuvo la visión de establecerse en el acomodado barrio de Jamaica Estates, en 1940.
No obstante, el crecimiento de la familia Trump hizo obligatorio que optarán por adquirir una propiedad de mayor tamaño ubicada en la misma zona.
De hecho, cualquier recuerdo de la primera casa que habitó el magnate neoyorquino resulta prácticamente nulo, pues tenía sólo cuatro años cuando se mudó.
Desde entonces, la propiedad ha ido cambiando de propietarios, pero lo destacado de su historia surgió a partir de que Donald Trump se convirtió por primera ocasión en presidente.
En 2017, meses después de la llegada del republicano a la Casa Blanca, la casa de Queens fue vendida a una entidad llamada Trump Birth Home LLC.
Dicha transacción se produjo a cambio de $2.1 millones de dólares, pero lejos de ser habitada por alguna familia en particular, fue anexada a la lista de propiedades en alquiler promovidas en Airbnb.
En un intento de aprovechar la fama de Trump, en el interior de la propiedad se incluyo una figura de cartón en tamaño real del presidente, un ejemplar de su libro “El arte de la negociación” y una portada enmarcada de la revista People donde apareció ese año.
El punto es que, después de un tiempo, el proyecto no produjo el resultado esperado y la vivienda fue puesta en venta a un precio de $2.9 millones de dólares, en 2019.
Durante cerca de seis años, nadie se interesó en el inmueble y debido a la falta de mantenimiento, la humedad produjo moho en el exterior e interior, lo cual la hizo prácticamente inhabitable, al menos para personas, pues un grupo de gatos terminó por instalarse en el lugar.
Todo esto cambió el año pasado, cuando Tommy Lin, habilidoso vendedor de bienes raíces, compró la casa a cambio de $835,000 dólares con el objetivo de remodelarla por completo.
El resultado de su trabajo fue que, en julio, logró revenderla en $1,930,000 dólares sin que todavía se conozca al nuevo propietario.
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