
El técnico Joel Huiqui sintió el verdadero terror de las cruzazuleadas de la Máquina Celeste contra el América en los últimos minutos del encuentro. El estratega celeste admitió el pecado de bajar la intensidad tras poner en riesgo una victoria de 4-3 que parecía totalmente controlada en el segundo tiempo.
La comodidad y la fiesta total imperaban en el banquillo de la Noria gracias a un contundente marcador de 4-1 que se mantuvo inalterable durante casi todo el trámite de la parte complementaria, gracias a las anotaciones previas de Erik Lira, Agustín Palavecino, Jesús Orozco Chiquete y el Toro Gabriel Fernández.
Con las Águilas completamente adormecidas en el terreno de juego, el cuerpo técnico y la afición cementera ya saboreaban un triunfo de esos que se guardan en las vitrinas de los recuerdos bonitos, pensando que el resto de la velada en el Estadio Banorte sería pan comido.
Sin embargo, el exceso de confianza terminó por pasarle una factura cargada de drama y suspenso a la escuadra celeste en la recta final. En un abrir y cerrar de ojos, el panorama se puso color de hormiga cuando el colombiano Óscar Perea clavó el 4-2 al minuto 90.
Unos segundos después, una trágica pifia del arquero Kevin Mier le abrió la puerta a Miguel Borja para poner el alarmante 4-3, desatando la locura en el banquillo americanista y obligando a los de la Noria a pedir la hora con el rosario en la mano.
Para Joel Huiqui esta alarmante desatención colectiva dejó en evidencia que en los clásicos jamás se puede dar por muerto al rival ni bajar las revoluciones antes de que el silbante decrete el final. El estratega reconoció que su plantel sudó frío en serio debido a la falta de sangre fría para congelar el esférico.
Su falta de manejo de juego hizo que se salvaran de milagro de una catástrofe histórica gracias a que el arquero Rodolfo Cota terminó atajando de gran manera el disparo de penal de Nicolás Ibáñez, un oso que pudo haber envuelto la victoria con moños, pero que al final sirvió como una dolorosa y valiosa lección de cara al futuro.
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