La Máquina amenazó con bajarse de la Campeones Cup ante los desaires de la MLS

Cruz Azul explotó contra la MLS y acusó directamente de negligencia a los organizadores del torneo por el tremendo desorden con la logística del transporte, al grado de que la cúpula cementera valoró seriamente bajarse de la Campeones Cup si las condiciones no cambiaban de inmediato.

Los directivos de la Máquina pusieron sobre la mesa la propuesta formal de reprogramar el choque para el jueves para permitir que los pupilos de Joel Huiqui tuvieran un descanso digno tras el calvario del aeropuerto, pero el Inter de Miami bateó la idea por completo y se negó a mover el calendario debido a los estrictos compromisos comerciales y de televisión que ya tienen firmados para este magno evento.

La directiva cementera se vio obligada a mover cielo y tierra para resolver el tremendo problema con la empresa transportista, pues la molestia del vestidor escaló a tal grado que el plantel completo amenazó con bajarse del torneo si no se garantizaba un vuelo digno y seguro para cada uno de los integrantes de la Máquina.

En medio de este caos y con el equipo varado en territorio nacional, el único elemento que sí pudo despegar hacia Florida fue el delantero nigeriano Christian Ebere, quien viajó por separado junto a una comitiva pequeña debido a que sus estrictos trámites de visado obligaban a su ingreso inmediato en la fecha pactada con el gobierno de Estados Unidos.

El plantón de los líderes de la Máquina en el aeropuerto

La crisis estalló cuando los líderes del vestidor se percataron de que el cupo del avión privado era insuficiente para los jugadores, el cuerpo técnico y el personal de apoyo, una situación que consideraron una falta de respeto para la seriedad que exige una competencia internacional.

Los capitanes alzaron la voz de inmediato y condicionaron el viaje, dejando en claro que el grupo se mantendría unido y que no aceptarían soluciones a medias que implicaran dejar atrás a compañeros o miembros del equipo de trabajo del técnico Joel Huiqui.

Esta postura de los referentes frenó por completo la logística inicial y obligó a las altas esferas de la institución a gestionar a marchas forzadas una nueva aeronave que cumpliera con las especificaciones requeridas, retrasando los planes del equipo, pero blindando la unión interna del plantel.

El costoso visado que salvó al delantero nigeriano

Mientras el grueso de la delegación permanecía firme en suelo mexicano, la directiva no tuvo más opción que mandar a Christian Ebere en un vuelo comercial express para no echar a perder una fuerte suma de dinero invertida en sus trámites migratorios.

El club había pagado una cantidad considerable para agilizar el permiso especial del atacante africano, el cual contaba con restricciones gubernamentales sumamente rígidas respecto al día de entrada a la Unión Americana.

Dejar pasar la fecha límite representaba el riesgo inminente de que las autoridades migratorias estadounidenses le negaran el acceso al futbolista o lo retuvieran en el aeropuerto, por lo que el artillero nigeriano tuvo que adelantarse en solitario y ya aguarda en la sede del partido a que el resto de sus compañeros puedan aterrizar finalmente este martes en Florida.

Un calendario de locura y la sombra de la suspensión

La demora causada por el problema del transporte no solo afectó la preparación física del equipo de cara al duelo contra el Inter de Miami de Lionel Messi, sino que también puso a trabajar horas extra a los directivos de la Liga MX y la MLS.

El partido de la Campeones Cup cuenta con el aval oficial de la Concacaf mas no de la FIFA, lo que abre una ventana de negociación entre ambas ligas para analizar una posible reprogramación si las condiciones logísticas de Cruz Azul se complican aún más en las próximas horas.

La urgencia de resolver el itinerario es máxima, ya que la escuadra celeste tiene en puerta su compromiso de la liga local contra Monterrey programado para este sábado diecinueve de septiembre a las diecinueve diez horas, y por reglamento se debe respetar un descanso mínimo de cuarenta y ocho horas entre partidos para salvaguardar la integridad de los futbolistas en la cancha.

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