
Con un espíritu de lucha inquebrantable y una garra que dobla cualquier apuesta, los Potros de Hierro del Atlante rompieron una amarga malaria de ocho compromisos en el calvario al vencer por goleada de 4-2 a la millonaria escuadra de los Rayados de Monterrey.
De esa racha negativa de ocho encuentros arrastrando la cobija, seis correspondían al torneo local y dos a la Leagues Cup, un bache que borró de tajo el gran arranque de campaña donde le plantaron cara a las Águilas y a la Máquina.
Esta bocanada de aire puro le cae como anillo al dedo al histórico cuadro azulgrana para demostrar que, a pesar de no presumir la billetera más inflada del futbol mexicano, el orgullo y el amor propio pesan más sobre la cancha.
Elementos de experiencia como el cancerbero Óscar Jiménez, cobijados por la juventud de Luis Calzadilla y la magia de Martín Sarrafiore, saltaron al césped con el cuchillo entre los dientes para jugarle de tú a tú a los regios.
Un carrusel de toques para abrir el marcador
El Atlante tenía prisa para demostrar que sería su noche en el Estadio Banorte, tejiendo una vistosa pared desde tres cuartos de cancha donde Luis Puente habilitó por la banda izquierda al paraguayo Walter Clar.
El sudamericano, sin perder un solo segundo, cedió la pelota hacia el corazón del área para el arribo de Calzadilla, cuyo disparo cruzado fue valientemente escupido por el guardameta argentino Esteban Andrada.
Para mala fortuna de la visita, el rebote le quedó pleno a Walter Portales, quien con una enorme frialdad decidió no patear al marco y le puso un bombón a Puente para que simplemente la empujara a las redes.
Rayados responde, pero la feria no se detiene
Pese al golpe tempranero, la millonaria plantilla de la Sultana del Norte no tardó en sacar el colmillo y a los 17 minutos emparejó los cartones con un fogonazo de Hugo Cuypers que dejó completamente estático al arquero local.
Tras marcharse al descanso con las tablas en el marcador, la parte complementaria tomó un rumbo épico, pues apenas al minuto 53 Luis Calzadilla prendió el esférico de primera para devolverle la ventaja a los Potros.
Con el momento anímico de su lado, Eduardo Tercero incrementó la cuenta poniendo un tres por uno que parecía lapidario, obligando a los regiomontanos a quemar todas sus naves para intentar rescatar el barco.
El tiro de gracia de los azulgranas
La incertidumbre regresó al minuto 82 cuando Roberto de la Rosa recortó la distancia poniendo las cosas tres a dos, dejando el desenlace de la batalla suspendido de un hilo y con los corazones de la afición en un puño.
Cuando el fantasma de la igualada rondaba la portería de Jiménez, apareció el ecuatoriano Jhojan Julio para firmar el cuarto gol de la noche, sentenciando una velada mágica en la que el Atlante demostró de qué está hecho.
Este contundente triunfo significó la primera gran celebración de los azulgranas en la grama del Estadio Banorte, dejando claro que en su nuevo hogar ya aprendieron a ganar y no piensan pedirle permiso a ningún gigante.
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