
A menos de tres semanas de las elecciones legislativas del 3 de noviembre en Estados Unidos, dirigentes del Partido Republicano comenzaron a asumir en privado que perderán el control de la Cámara de Representantes y optaron por una estrategia para reducir las derrotas y conservar su mayoría en el Senado, ante la caída de popularidad del presidente Donald Trump y el descontento por el aumento del costo de vida.
Cinco legisladores republicanos reconocieron bajo condición de anonimato al medio Politico que las posibilidades de mantener el control de la Cámara Baja eran cada vez menores. Uno de ellos aseguró que el objetivo consistía en “salvar tantos escaños republicanos como fuera posible”, mientras otro calculó que los demócratas podrían arrebatarles alrededor de 10 distritos.
Las declaraciones reflejaron el malestar dentro del partido, cuyos candidatos enfrentaron dificultades para distanciarse del mandatario en una campaña marcada por el encarecimiento de los combustibles, la inflación y las consecuencias económicas de la guerra contra Irán.
Aunque la dirigencia republicana mantuvo públicamente su confianza en conservar el Congreso, los movimientos de recursos y publicidad electoral apuntaron a una estrategia defensiva, según Politico y CNN.
Demócratas podrían ganar hasta 19 escaños
Las proyecciones electorales reforzaron el escenario adverso. El 9 de octubre, el centro de análisis independiente The Cook Political Report modificó sus pronósticos en 18 contiendas por la Cámara de Representantes, todas en favor del Partido Demócrata.
Su estimación contempló una ganancia neta de entre nueve y 19 escaños para los demócratas, lo que les permitiría alcanzar entre 224 y 234 representantes y recuperar la mayoría. Para lograrlo, necesitaban sumar apenas tres escaños adicionales.
El deterioro republicano resultó especialmente visible en Iowa y Pensilvania, donde cuatro distritos anteriormente considerados competitivos pasaron a mostrar una ventaja demócrata.
Ante este panorama, grupos vinculados al partido comenzaron a retirar apoyo financiero de algunas candidaturas consideradas difíciles de rescatar, entre ellas contiendas en Iowa, Nueva Jersey y Nebraska, para concentrar recursos en distritos con mayores posibilidades de victoria.
El Senado, la siguiente preocupación republicana
La situación también complicó la estrategia para conservar el Senado, donde los republicanos mantuvieron una mayoría de 53 escaños frente a los 47 del bloque demócrata, incluidos dos independientes.
El 6 de octubre, The Cook Political Report modificó sus previsiones para varias contiendas senatoriales y estimó que los demócratas podrían ganar entre dos y seis escaños adicionales, suficientes para disputar la mayoría si conseguían al menos cuatro.
El escenario resultó preocupante en Kansas, donde una elección anteriormente favorable para los republicanos pasó a considerarse competitiva. Las dificultades también alcanzaron otros estados del Medio Oeste y territorios tradicionalmente conservadores.
La presión obligó al partido a distribuir sus recursos entre la defensa de distritos legislativos vulnerables y campañas senatoriales que hasta hace unos meses parecían seguras.
Trump enfrenta el descontento por la economía y la guerra
El deterioro electoral coincidió con una caída en la aprobación presidencial. A principios de octubre, el indicador de The Cook Political Report situó el respaldo a Trump en 37.6%, en medio de las críticas por el costo de vida y las repercusiones de la guerra contra Irán.
Pese a este escenario, el mandatario intensificó su participación en actos de campaña para respaldar a candidatos republicanos. El 14 de octubre visitó Alaska, donde el senador republicano Dan Sullivan enfrentó una competencia cerrada con la demócrata Mary Peltola, de acuerdo con Reuters.
Mientras tanto, los demócratas comenzaron a preparar su agenda legislativa ante la posibilidad de recuperar la Cámara Baja. Según la agencia Associated Press, entre sus prioridades figuraron reducir los costos de la atención médica, revisar los aranceles y ampliar la supervisión sobre el gobierno de Trump.
Las elecciones del 3 de noviembre renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado. Sus resultados definirán el equilibrio de poder durante los últimos dos años del segundo mandato de Trump.
Aunque las proyecciones favorecieron a los demócratas, ninguna de las dos cámaras estaba decidida. Sin embargo, el cambio de estrategia republicana mostró que la preocupación dentro del partido ya no se limitó a conservar la Cámara Baja, sino también a evitar que una derrota más amplia comprometiera su control del Congreso.
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