
El presidente Donald Trump dio a conocer que recientemente Sundar Pichai, director ejecutivo de Google, rehusó acceder a su petición de cambiarle el nombre al Océano Atlántico.
Durante un mitin celebrado en Carolina del Sur, el magnate neoyorquino rememoró el momento cuando el máximo responsable del mayor motor de búsqueda en internet descartó apoyarlo en una de sus controversiales solicitudes de apoyo.
“Le dije: ‘Sundar, estoy pensando en el Océano Atlántico, ¿puedes con ello?’”, expuso.
Y contrario a lo que esperaba, presuntamente el ejecutivo de negocios indio-estadounidense no apoyó su iniciativa.
“Cubren… muchos países, por favor, no nos pidan que hagamos eso. Esta vez no lo voy a hacer “, enfatizó.
Ante dicho posicionamiento, Trump reconoció que “probablemente desistirá” de intentar cambiar de nombre al segundo océano más grande de los cinco que existen en el planeta.
Cabe señalar que la multinacional tecnológica previamente había cedido a implementar parcialmente algunos deseos del jefe de la nación como rebautizar al Golfo de México y al Lago Ontario.
De hecho, en la aplicación Google Maps dirigida al mercado estadounidense, el primero ya aparece bajo el nombre de “Golfo de América”; en tanto que el segundo figura como “Lago América”.
Sin embargo, los usuarios que consultan la aplicación fuera del territorio estadounidense continúan viendo a la gran porción de mar señalada con su tradicional nombre de Golfo de México.
Algo similar ocurre en Canadá, donde sus habitantes al consultar en Google el lugar donde se ubica el sistema de agua dulce considerado la puerta de salida de todos los Grandes Lagos de Norteamérica, descubren que todavía recibe el nombre de Lago Ontario.
La mayor parte de los detractores de Donald Trump consideran que su estrategia de renombrar a varios sitios emblemáticos del país adquiere mayor fuerza cada vez que sus políticas se estancan o cuando el índice de aceptación a su desempeño al frente del gobierno estadounidense retrocede a niveles no vistos ni en su primera etapa como mandatario de la nación.
El punto es que el republicano de 80 años no cede en su intento de renombrar otros puntos del planeta como es el caso del estrecho de Ormuz, lugar al que desea llamar estrecho Trump, esto pese a la negativa de la comunidad iraní.
Y ni que decir de Nuevo México, entidad a la cual sugiere llamarle Nueva América, esto sin que todavía exista una orden firmada de su puño y letra.
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