
El presidente Donald Trump dedicó buena parte de su último discurso antes de las elecciones de medio mandato a presumir las obras que impulsa en Washington D.C., en un cierre de campaña que dejó en segundo plano los problemas económicos que preocupan a los votantes y amenazan la mayoría republicana en el Congreso.
Frente al estanque reflectante del Monumento a Abraham Lincoln, el mandatario ofreció el lunes una intervención de casi una hora en la que defendió las reparaciones de esa emblemática estructura, cuyos trabajos acumularon retrasos, sobrecostos y problemas técnicos. Con una gorra con las siglas “USA”, Trump presentó fotografías de las remodelaciones y explicó detalles sobre tuberías oxidadas, juntas deterioradas y barras de refuerzo reacondicionadas. Incluso bromeó con la posibilidad de ponerle su nombre al estanque, que finalmente fue reabierto después de meses de trabajos.
“Es una obra de arte”, afirmó al presumir el resultado de la intervención, que inicialmente tenía un presupuesto de 1.5 millones de dólares, pero terminó costando varias veces más de lo previsto. Las reparaciones tampoco estuvieron exentas de controversia. El revestimiento azul que ordenó instalar comenzó a desprenderse y aparecieron proliferaciones de algas que obligaron a prolongar los trabajos.
Trump responsabilizó a presuntos vándalos por los problemas, aunque el contratista y la fiscalía federal en Washington atribuyeron las fallas a la mala calidad de las obras. El discurso resultó inusual para un acto destinado a movilizar el voto republicano en la víspera de unas elecciones que definirán el control del Congreso durante los últimos dos años de su segundo mandato.
Una campaña centrada en su figura
Durante los primeros minutos, Trump prácticamente ignoró los comicios y concentró su atención en las transformaciones de la capital. Las referencias electorales llegaron después, cuando calificó la jornada del martes como una de las más importantes en la historia estadounidense y acusó a los demócratas de presentar candidatos “radicales y peligrosos”.
También lanzó señalamientos contra Abdul El-Sayed, aspirante demócrata al Senado por Michigan, al vincularlo sin pruebas con supuestos extremistas. Sin embargo, las preocupaciones de los electores se encuentran principalmente en el costo de vida, los precios de la gasolina y las consecuencias económicas de la guerra con Irán, factores que han deteriorado la aprobación presidencial.
Las encuestas anticipaban avances demócratas en varios estados competitivos y posibilidades de recuperar la Cámara de Representantes, además de disputar la mayoría del Senado. Trump convirtió prácticamente toda la campaña en un respaldo personal a su administración, participando en más de una veintena de mítines y pidiendo a sus simpatizantes que votaran como si su nombre apareciera en las papeletas.
Su insistencia en las remodelaciones también ha provocado críticas. El expresidente Barack Obama comparó la decoración de la Casa Blanca con un restaurante The Cheesecake Factory diseñado por Saddam Hussein, comentario que irritó al republicano. Además del estanque, Trump impulsa la construcción de un salón de baile tras demoler el Ala Este de la residencia presidencial, un arco triunfal y otras modificaciones en Washington.
“Tenemos muchos planes fantásticos para Washington”, afirmó antes de concluir su intervención. El mandatario reconoció que no tenía tiempo suficiente para hablar de los problemas del resto del país.
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