Aunque ahora Trump «odia» su propio acuerdo comercial, le resultará difícil anularlo, afirman analistas

La decisión del presidente Donald Trump de no respaldar, por ahora, una extensión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) abrió un nuevo periodo de incertidumbre para el mayor bloque comercial de América del Norte, pese a que el propio mandatario impulsó y firmó el acuerdo durante su primer mandato en la Casa Blanca.

Mientras México y Canadá ya expresaron su disposición para renovar el tratado por otros 16 años, Washington mantiene una postura distinta y prefiere utilizar el proceso de revisión previsto en el acuerdo para presionar por cambios que considera favorables para la economía estadounidense, señalan analistas.

Cuando Trump firmó el T-MEC en 2020, lo calificó como “el acuerdo comercial más grande y equilibrado de la historia”. No obstante, su visión dio un giro de 180 grados debido a su frustración por los persistentes déficits comerciales y las lagunas legales que permiten a países fuera del bloque, como China, beneficiarse de los aranceles bajos. Recientemente, a bordo del Air Force One, declaró que preferiría que el tratado se “diera por terminado”.

Dejar expirar el acuerdo, cuya fecha límite para la renovación automática por 16 años es este 1 de julio, obligaría a los tres países a someterse a espinosas revisiones anuales durante la próxima década. Este escenario de inestabilidad preocupa a los líderes empresariales. “La incertidumbre dificulta la planificación empresarial. Es así de simple”, señaló Anne McKinney, vicepresidenta de la Cámara de Comercio de EE.UU., explicando que las compañías pierden la certeza necesaria para proyectar sus inversiones a largo plazo.

Anular el T-MEC no es tarea fácil. Una salida abrupta trastocaría más de 1.8 billones de dólares en comercio anual, disparando los precios de productos cotidianos, desde autopartes hasta los aguacates, en un momento en que los consumidores estadounidenses ya resienten el impacto de la inflación. “Sabe que no puede retirarse”, afirmó Louise Blais, enviada especial de Quebec, aludiendo a la feroz oposición que Trump enfrentaría en el Congreso.

Empresas temen mayor incertidumbre para las inversiones

La posibilidad de mantener al tratado bajo revisiones constantes preocupa a empresarios y especialistas en comercio internacional, quienes advierten que la falta de certidumbre podría retrasar inversiones y afectar cadenas de suministro altamente integradas entre los tres países.

Sectores como el automotriz, agrícola y manufacturero dependen desde hace décadas de un mercado regional con reglas estables, por lo que cualquier modificación o eventual salida de Estados Unidos podría incrementar costos de producción y traducirse en mayores precios para consumidores estadounidenses.

Analistas también consideran poco probable que Trump logre cancelar fácilmente el tratado. El T-MEC fue aprobado por el Congreso con respaldo bipartidista y cuenta con amplio apoyo entre fabricantes, agricultores y grupos empresariales que consideran indispensable preservar el libre flujo comercial en Norteamérica.

Aunque la administración republicana mantiene un discurso crítico hacia el acuerdo, varios expertos interpretan esa estrategia como un mecanismo para fortalecer la posición negociadora de Washington antes de exigir nuevas condiciones comerciales a sus socios.

México busca preservar el acuerdo mientras avanzan las negociaciones

Las conversaciones entre Estados Unidos y México avanzan por separado de las que mantiene Washington con Canadá. Entre los temas centrales se encuentran el aumento del contenido estadounidense en los vehículos fabricados en la región y nuevas medidas para evitar que productos de origen chino obtengan beneficios comerciales mediante el T-MEC.

Funcionarios mexicanos consideran que las negociaciones podrían derivar en acuerdos complementarios sin modificar por completo la estructura del tratado, siguiendo un modelo similar al que la administración Trump ha utilizado con otros socios comerciales.

Por su parte, autoridades canadienses también reconocen que algunos aranceles podrían mantenerse, aunque confían en que el acuerdo continúe garantizando condiciones preferenciales frente a otros mercados internacionales.

Más allá de la retórica política, el futuro del T-MEC será determinante para una relación comercial que mueve más de 1.8 billones de dólares anuales entre Estados Unidos, México y Canadá. Para empresas e inversionistas, el principal desafío no es únicamente el resultado de las negociaciones, sino la incertidumbre que rodea las reglas bajo las cuales operará una de las regiones económicas más integradas del mundo en los próximos años.

Sigue leyendo: