
Un fenómeno de El Niño potencialmente récord se está intensificando en el Pacífico y podría provocar sequías e inundaciones en algunas de las principales regiones agrícolas del mundo.
A comienzos de julio, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estimó que hay un 63 por ciento de probabilidad de que el fenómeno sea “muy intenso”. JP Morgan advirtió además que El Niño, combinado con un petróleo a 100 dólares por barril, podría elevar la inflación mundial de los alimentos hasta un 1,5 por ciento.
La llegada de El Niño coincide con dos conflictos que ya han tensionado el sistema alimentario mundial: la guerra de Rusia en Ucrania y la escalada entre Estados Unidos e Irán. ¿Podría esta combinación desencadenar una nueva crisis alimentaria?
Tres amenazas simultáneas
La guerra de agresión rusa en Ucrania continúa afectando a una de las mayores regiones exportadoras de cereales del mundo, mientras que las tensiones con Irán han elevado los precios de la energía y los fertilizantes, encareciendo la producción agrícola.
Al mismo tiempo, el Banco Mundial advirtió que un episodio intenso de El Niño podría reducir la producción de arroz entre un 20 y un 50 por ciento en las regiones más afectadas.
Máximo Torero, economista jefe economista de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), advierte de un “efecto compuesto” que podría generar “una situación muy compleja” hacia finales de año. “Nos preocupa mucho El Niño y el retraso del monzón en la India”, explica Torero a DW.
India produce cerca de un tercio del arroz mundial, y un monzón más débil podría afectar las siembras. La FAO también identifica riesgos elevados en el Sahel, el sur de África, el sudeste asiático y el Corredor Seco de Centroamérica, donde algunas zonas enfrentan una probabilidad superior al 50 por ciento de sequía en los próximos meses.
La producción mundial resiste
Pese a las tensiones geopolíticas, los precios internacionales de los alimentos se mantienen cerca de un 20 por ciento por debajo del máximo alcanzado en 2022, según el índice de la FAO.
El año pasado se registró la mayor cosecha de cereales de la historia gracias a mejores rendimientos, mayor superficie cultivada y condiciones meteorológicas favorables. Aunque este año la producción será ligeramente inferior, se espera que siga siendo la segunda mayor jamás registrada.
“Estamos observando mejoras en la productividad agrícola”, afirma Simone Bunse, investigadora del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI). “Esto ha contribuido a mantener la producción de alimentos y a reducir la desnutrición. Y esto está contrarrestando algunos de los impactos localizados del conflicto”, agrega.
El hambre sigue concentrándose en las zonas de guerra
La ONU estima que 266 millones de personas padecen hambre aguda y más de la mitad de ellas viven en países afectados por conflictos.
“Producimos suficientes calorías en el mundo para alimentar a toda la población”, sostiene Torero. “El problema es que esas calorías no se distribuyen de la misma manera en todo el mundo, y ese es el desafío”, subraya.
En lugares como Sudán o Gaza, la guerra destruye tierras de cultivo, desplaza a millones de personas y dificulta la llegada de ayuda humanitaria.
“Los grupos armados destruyen deliberadamente tierras de cultivo, ganado, sistemas de agua, instalaciones de almacenamiento de alimentos y rutas de transporte. Ponen en peligro el acceso a los mercados y obstaculizan la asistencia humanitaria”, recuerda Bunse.
El precio de fertilizantes y otros peligros
Otro foco de preocupación son los fertilizantes, ya que aproximadamente un tercio del comercio mundial pasa por el estrecho de Ormuz, afectado por las tensiones entre Estados Unidos e Irán y los ataques contra buques en el mar Rojo.
El aumento de los precios ya está llevando a algunos agricultores a retrasar sus compras o reducir el uso de fertilizantes, lo que podría afectar las próximas cosechas.
Los expertos advierten que, si un fuerte episodio de El Niño, nuevas interrupciones de las exportaciones agrícolas desde Ucrania y un nuevo aumento del precio del petróleo se produjeran al mismo tiempo, el hambre mundial podría agravarse considerablemente. Según JP Morgan, la inflación alimentaria podría superar el 5 por ciento en 2027, con los mercados emergentes como los más afectados.