Marcos y David se conocían desde la universidad. Durante diez años trabajaron juntos, levantando una empresa que pasó de ser un pequeño proyecto a convertirse en un negocio multimillonario.
Aquella mañana, ambos se encontraban sentados en una elegante sala de reuniones.
Marcos empujó un documento sobre la mesa y sonrió.
—Firma aquí, David. Son solo los papeles de la nueva inversión. Con esto aseguraremos el futuro de la empresa.
David tomó el documento y lo firmó sin sospechar nada.
—Confío en ti, hermano. Después de todo lo que hemos pasado juntos, no tengo motivos para dudar.
Marcos guardó el contrato y cambió por completo su expresión.
—Perfecto. Ahora vacía tu oficina antes del mediodía.
David frunció el ceño.
—¿De qué hablas?
Marcos se acomodó en su asiento y soltó una carcajada.
—Acabas de firmar la cesión total de tus acciones por un dólar. La empresa, los clientes y la patente son completamente míos.
David permaneció en silencio durante unos segundos.
—Así que todo estaba planeado.
—Por supuesto. Fuiste demasiado ingenuo.
Marcos se levantó y observó por la ventana de su oficina.
—Siempre supe que eras brillante, David, pero también sabía que confiabas demasiado en las personas.
Sin embargo, lejos de mostrarse preocupado, David sonrió y sacó una pequeña memoria USB de su bolsillo.
—Tienes razón. Confié en ti durante mucho tiempo.
Marcos lo miró con curiosidad.
—¿Y eso qué significa?
—Que ayer registré la patente original a mi nombre y transferí todos los contratos importantes a una nueva compañía.
La sonrisa desapareció del rostro de Marcos.
—¿Qué acabas de decir?
—Lo que acabas de comprar por un dólar es una empresa vacía, con millones de dólares en deudas y ninguna tecnología propia.
Marcos empalideció.
—Estás mintiendo.
David colocó la memoria sobre la mesa.
—Aquí están los documentos. Todo es completamente legal.
—No puedes hacerme esto.
David caminó hacia la puerta y se detuvo antes de salir.
—No, Marcos. Yo no fui quien traicionó a su mejor amigo.
A la semana siguiente, la nueva empresa de David comenzó a operar con todo el equipo que había trabajado junto a él durante años.
Mientras tanto, Marcos perdió su fortuna y comprendió demasiado tarde que la ambición puede construir imperios, pero la traición es capaz de destruirlos en un instante.