
Después del enérgico rechazo de la Unión Europea de Fútbol (UEFA) y de la Concacaf al polémico proyecto de Gianni Infantino para poner al mejor postor los derechos de organización de los futuros torneos y mundiales de fútbol, este viernes el balompié de Asia se sumó al descontento generalizado. La propuesta del presidente de la FIFA tambalea de forma definitiva.
Esto ocurre justo después de un jueves de los mil demonios. En esa jornada, los distintos organismos que mantienen una personalidad jurídica autónoma, pero que están afiliados a la FIFA, le dieron la espalda al proyecto FIFA Forward Enterprise (FFE).
La razón de la negativa es contundente: simple y sencillamente no existe una idea transparente ni clara del objetivo que busca conseguir Infantino al querer negociar la organización de sus eventos con empresas y organismos externos.
Por esa razón, no fue ninguna sorpresa que la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) se uniera a las firmes posturas de la UEFA y de la Concacaf. El argumento central es la absoluta falta de claridad en las ideas y conceptos del plan que muy pronto presentará Infantino, con el que pretende convencer a todos de los supuestos grandes beneficios económicos que traerá este multimillonario negocio.
Un balde de agua fría para Zúrich
A través de su postura oficial, la AFC dejó en claro que, viendo las fracturas y las divisiones sin precedentes que han brotado en todo el planeta fútbol, el proyecto de la FFE no tiene forma realista de conseguir el consenso y la unidad que se necesitan para salir adelante. Básicamente, la confederación asiática ve la propuesta como una vía muerta.
Por supuesto, desde las oficinas de la FIFA aseguraron que su intención es seguir adelante con el plan. Su defensa es que todo este alboroto y la interrupción de las consultas se debieron a “informaciones erróneas” difundidas por los medios de comunicación.
Además, en Zúrich no vieron con buenos ojos los comunicados unificados de rechazo que emitieron las Confederaciones y ahora le apuntan a una estrategia de convencimiento individual.
La postura de la FIFA es que cada federación tiene derecho a votar su propio futuro de forma democrática, argumentando que ninguna entidad grande puede colgarse la representación de las 211 federaciones miembro del mundo.
Las matemáticas no le cuadran a Infantino
Esta postura de la Confederación Asiática de Fútbol genera un revuelo mundial tremendo. Sobre todo en estos momentos donde se asegura, de forma extraoficial, que Infantino necesita amarrar el voto favorable de al menos 106 de las 211 federaciones afiliadas para evitar grietas políticas que lo obliguen a meter reversa con su proyecto.
Por lo pronto, el periódico británico The Independent confirmó que el dirigente suizo requiere de un porcentaje superior al 50 por ciento de la votación total. Bajo ese panorama, el rotundo “no” del fútbol asiático representa un auténtico nocaut para sus planes.
Y esto es así más allá de que la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) haya salido a matizar las cosas de manera muy tibia, declarando que en las juntas no pasó nada anormal y tratando de calmar las aguas para no quedar mal con el jefe de la FIFA.
La realidad es que el marco que establecen la UEFA y las demás confederaciones aliadas pone la votación bajo un panorama muy poco halagador para este nuevo modelo de negocio. En el análisis macro, el rechazo de la AFC significa un revés definitivo.
La entidad asiática agrupa a 46 federaciones miembro; si sumamos las 55 federaciones que integran la UEFA y las 35 que forman parte de la Concacaf, ya tenemos a 136 federaciones de las 211 que integran la FIFA plantadas firmemente en contra del plan. A Infantino simplemente no le salen las cuentas.
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