Hernán Crespo sufre la cruda realidad de la Liga MX en su amargo debut con el Atlas

Hernán Crespo creía tener fríamente calculados todos los imponderables para su debut con el Atlas. Se equivocó. Al argentino le cayó la realidad de golpe: entre su evidente desconocimiento del arsenal de Monterrey .

Además de la mala fortuna de perder por lesión al seleccionado Jorge Sánchez, las piedras se le amontonaron en el camino. El desenlace fue un amargo 0-2 en contra que arruinó la fiesta rojinegra.

Este bofetón no entraba en el presupuesto del exastro de River Plate, Parma y Milan. Bienvenido a México, Hernán. Aquí la teoría dice una cosa, pero los hechos demuestran que, sea de local o de visitante, la Liga MX te exige priorizar el resultado por encima del lirismo.

Al principio, los Zorros lucieron un ritmo alegre. Crespo juraba que con eso bastaba para desarmar a la millonaria plantilla de los Rayados. Vaya ingenuidad. Bastaron un par de chispazos de la escuadra comandada por su compatriota Matías Almeyda para inclinar la balanza y dictar la sentencia atlista.

Y es que Monterrey no es ninguna perita en dulce. El talento de Orbelín Pineda, el empuje de Lucas Ocampo, el descaro del chavo Iker Fimbres y la velocidad de un Diego Rossi que ya le tomó la medida al fútbol mexicano, terminaron por inclinar la cancha.

Precisamente Rossi firmó el gol de la quiniela al minuto 28. Fue un balde de agua helada para la banca local. Los Zorros quisieron reaccionar e incluso al 37’ exigieron un penal que el árbitro Jorge Camacho decidió ignorar.

A partir de ahí, el engrudo se le endureció por completo al timonel argentino. Vino la lesión de Jorge Sánchez y una segunda mitad donde las ganas no bastaron para cambiar el destino. El Atlas pecó de predecible; quisieron meterse hasta la cocina tocando el balón, olvidando que a veces hay que pegarle de lejos.

El castigo a la falta de ideas fue implacable. Cuando el empate parecía cocinarse, llegó el colmo de los males: Luis De Barros —el caboverdiano que pintaba para héroe— vio la tarjeta roja tras una entrada de muy pocos amigos sobre Orbelín Pineda.

Con el Atlas desahuciado y en tiempo de compensación, Milton Valenzuela podó de fea forma a Iker Fimbres dentro del área. Penalti cantado. Lucas Ocampo tomó el balón, cobró con frialdad de cirujano y puso el 0-2 definitivo en la frente de un Crespo que se fue a los vestidores rascándose la cabeza.

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