
Donald Trump volvió a colocar a Groenlandia en el centro del debate geopolítico al publicar en su red social Truth Social una imagen suya sobre el territorio ártico acompañada de la frase: “Hello, Greenland”, un mensaje que reaviva su insistencia en que la isla debería quedar bajo control estadounidense.
La publicación se suma a una serie de declaraciones que Trump ha realizado desde enero de 2025, incluso antes de asumir nuevamente la Presidencia, en las que ha sostenido que Estados Unidos necesita Groenlandia por razones económicas y de seguridad nacional, especialmente ante la creciente competencia estratégica con China y Rusia en el Ártico. Su postura ha provocado reiteradas tensiones con Dinamarca, Groenlandia y sus aliados europeos.
La respuesta no se hizo esperar. Apenas unos días antes, el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, reiteró que el territorio autónomo danés no negociará su soberanía.
“Lamentablemente, debemos repetirlo nuevamente: Groenlandia no está en venta”, escribió Nielsen en Facebook.
El mandatario groenlandés añadió que “debe respetarse la integridad territorial, el derecho internacional y nuestro derecho a la autodeterminación”, dejando claro que las aspiraciones expresadas por Trump no modificarán la posición oficial del gobierno local.
Groenlandia, territorio autónomo del Reino de Dinamarca, posee una ubicación estratégica entre América del Norte y Europa, además de importantes reservas de minerales críticos, tierras raras y recursos energéticos. Asimismo, alberga instalaciones militares estadounidenses, incluida la base espacial de Pituffik, considerada clave para los sistemas de alerta temprana y defensa antimisiles de Estados Unidos.
El interés de Trump por la isla no es nuevo. Durante su primer mandato, en 2019, propuso adquirir Groenlandia, iniciativa que fue rechazada de inmediato por el gobierno danés, lo que derivó incluso en la cancelación de una visita oficial a Dinamarca. Tras regresar a la Casa Blanca en 2025, el republicano retomó la idea con mayor intensidad, argumentando que el creciente peso de Rusia y China en el Ártico convierte al territorio en una prioridad estratégica para Washington.
Las declaraciones también han generado rechazo entre los aliados occidentales. Tanto Dinamarca como la Unión Europea y diversos integrantes de la OTAN han reiterado que respaldan plenamente la soberanía de Groenlandia y que cualquier cambio en el estatus del territorio debe respetar el derecho internacional y la voluntad de la población groenlandesa.
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