El Tri Sub 20 saca la casta ante Canadá y amarra el boleto olímpico a Los Ángeles 2028

Ni un diluvio celestial ni el susto inicial pudieron frenar a los “chavos” de la Selección de México Sub-20. Tras un retraso por tormenta eléctrica que dejó en suspenso el Estadio Banorte (Azteca), la oncena nacional sacó la casta, le dio la vuelta a la tortilla y derrotó 2-1 a Canadá.

Con este triunfazo, los dirigidos por Alex Diego no solo se metieron a la final del Premundial de la Concacaf, sino que timbraron de una vez por todas su pasaporte para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.

Ahora se viene el platillo fuerte: definir el título del certamen contra el acérrimo rival, Estados Unidos. Sin embargo, pase lo que pase el domingo, la realidad es que este cuadro ya cumplió con nota alta. Caminan invictos, juegan sabroso y cargan con una camada de jovencitos que tienen una personalidad que ilusiona a cualquiera.

Un golazo de antología que picó el orgullo azteca

El trámite no fue miel sobre hojuelas. El equipo de Alex Diego ha ido de menos a más en el torneo, aprendiendo a raspar la rodilla cuando las papas queman. Y vaya que quemaron temprano. En los albores del encuentro, la escuadra de la hoja de maple le pegó un auténtico bofetón al orgullo mexicano con una genialidad.

Owen Graham-Roache se inventó un “sombrerito” de crack y, sin dejar caer la de gajos, prendió una volea endemoniada que se incrustó en el ángulo derecho de la portería mexicana. ¡Un poema de gol!

El golpe caló hondo. México tuvo que apelar a la chistera y a la picardía de Santiago Sandoval y Hugo Camberos para sacudirse el desatiento. Ambos extremos empezaron a armar el carnaval por la banda derecha, mandando centros venenosos para Gamboa y Valenzuela, quienes anduvieron con la mira chueca en el primer tiempo.

Con el balón del lado tricolor, la desesperación canadiense no tardó en asomar: empezaron a ensuciar el juego con faltas de todos los colores en el mediocampo.

Pese al acoso azteca de casi media hora, el invitado de honor se resistió antes del descanso. Fue la primera vez en todo el Premundial que México se fue al vestidor en blanco. Para colmo de males, la mala fortuna cobró factura con dos lesiones tempraneras: primero el canadiense Antone Bossenberry duró apenas un minuto en la cancha, y al 8′, el arquero nacional Cristo Navarrete tuvo que pedir su cambio entre lágrimas.

Reacción de vestidor y el Coloso explotó

Para la parte complementaria, el Tri salió con el cuchillo entre los dientes y les pagó con la misma moneda: un gol de vestidor. Valenzuela recibió en el área, se batió entre los centrales para dar la media vuelta y disparó; el arquero tapó, pero la zaga norteamericana pecó de tibia. Atento a la cita, el recién ingresado Cristóbal Alfaro llegó como bólido desde atrás para empujar la pelota al fondo de las redes.

El Azteca se quería caer de la emoción. Con la paridad, el equipo se creció al castigo, aunque perdonó el segundo casi de inmediato cuando Diego Ramírez la mandó por las nubes estando completamente solo frente al arco, tras un jugadón entre Camberos y Sandoval.

Tarjeta roja y remontada con sello pichichi

El destino le tenía preparada una pesadilla a Liam MacKenzie, el que venía siendo el caballo de batalla de los canadienses. Al minuto 70, el norteamericano se ganó la tarjeta roja tras propinarle un manotazo en el rostro a Echilvestre. Con diez hombres encima, a Canadá se le vino la noche por completo.

México olió la sangre y se volcó con todo al frente. Al 76′, Sandoval se internó por el sector derecho y llegó a la línea de fondo. Al ser zurdo natural, el panorama para tirar era nulo, pero su marcador pecó de inocente y le propinó una zancadilla flagrante.

¡Penalti clarísimo! Hugo Camberos tomó el balón con hielo en las venas y lo canjeó por gol con un cobro impecable. Fue su quinta diana del torneo, una anotación que lo pone con pie y medio como el pichichi del certamen y que concreta la voltereta olímpica.

El epílogo del juego fue un auténtico paseo tricolor, paseando la pelota a placer ante unos de la hoja de maple completamente desquiciados. Con los boletos al Mundial y a la justa olímpica ya guardados en la bolsa, al Tri solo le queda la cereza del pastel: despacharse a las barras y las estrellas el próximo domingo para levantar la corona Sub-20 de la Concacaf. ¡Que se venga Estados Unidos!

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