
Mikel Arriola volvió a “cantinflear” ante el micrófono. En medio de la tormenta de recuerdos familiares y críticas por mantener bien sepultado el ascenso y descenso en el balompié azteca, el comisionado presidente de la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) se sacó de la manga una nueva joyita de justificación.
Ahora resulta, según sus datos, que la Liga de Expansión no es un circuito mocho ni castigado, sino una “liga de desarrollo”. ¡Hágame usted el favor!, un circuito preocupado por producir jugadores cuando en la Liga MX les permiten registrar nueve extranjeros y acomodar a siete en la cancha al mismo tiempo. Sutiles las mentiras del dirigente.
Echándole más leña al fuego
Pero a Arriola el tiro le salió por la culata. En lugar de enfriar las aguas, terminó echándole más gasolina a la hoguera de la polémica. Lo que soltó primero como un comentario sutil y de trámite, al pasar de las horas se convirtió en dinamita pura, encendiendo otra vez la furia de una afición que ya no les cree ni el bendito a los de pantalón largo.
Aprovechando la vuelta para ver las semifinales del Premundial Sub-20 en el Estadio Banorte (Azteca), Mikel se plantó frente a los medios para defender su castillo de naipes bajo la bandera de que la Liga de Expansión nació para pulir joyitas:
“Consideramos esa liga una liga de desarrollo muy importante. Tenemos jugadores sub-23. Por ejemplo, las dos filiales que tenemos con Guadalajara y Cruz Azul, y vamos a seguir invirtiendo en la liga y vamos a seguir promoviendo que los equipos de la Liga Premier estén”.
¿Desarrollo… o asilo de veteranos?
El discurso suena bonito en el PowerPoint de la FMF, pero la terca realidad le mete una zancadilla. Bautizar al circuito como “cuna de talentos” es un chiste que se cuenta solo cuando el propio reglamento de la competencia dobla las manos y permite registrar hasta ocho jugadores mayores de 23 años por club. ¿Qué clase de semillero se consolida abriendo las puertas a planteles plagados de futbolistas consagrados?
Para muestra, un botón que desarma toda su teoría: los Toros del Celaya, que andan mandando en la tabla general, tienen bajo los tres palos nada menos que al eterno Humberto “El Ganso” Hernández. Con 41 años a cuestas, el arquero sigue volando y tapando bocas, estando apenas un año por debajo de otra leyenda de las canchas mexicanas como Nahuel “El Patón” Guzmán de los Tigres. Eso no es desarrollo; es colmillo retorcido que bien podría estar compitiendo en el máximo circuito.
El divorcio total con la tribuna
La molestia ya desbordó las canchas. No solo los futbolistas y técnicos alzan la voz; la afición, sin importar los colores, ya sentenció a los directivos. Las redes sociales no perdonan y para muestra, el video que se volvió viral hace unos días. Un exponente de la fanaticada se topó cara a cara con Mikel Arriola en pleno vuelo de un avión.
Cámara en mano y sin temblarle la voz, el aficionado le cantó el precio en su propia cara exigiéndole el regreso del ascenso y descenso. ¿La respuesta del directivo? Aplicar la de “oídos sordos”, clavar la mirada en el celular e ignorar el sentir de la tribuna que le da de comer al negocio. La fractura entre el de la silla y el de la grada está más viva que nunca.
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