
Al interior del fútbol de México ha vuelto a cobrar fuerza un viejo cuento de hadas que a más de uno le mueve el tapete: ¿podría la selección de México mandar a volar a la Concacaf y mudarse a las eliminatorias de la Conmebol?
De entrada, suena al clásico berrinche veraniego o a una de esas cartas a Santa Claus que se avientan los directivos cuando las papas queman. Sin embargo, en los pasillos de Toluca el río está sonando fuerte, y no precisamente porque traiga agua, sino billetes verdes.
La versión no nace de la nada. Todo explotó tras el tremendo terremoto político que provocó Gianni Infantino en las oficinas de la FIFA. Al mandamás del fútbol mundial se le ocurrió la “brillante” idea de armar su tinglado llamado FIFA Forward Enterprise para privatizar los Mundiales, tasando el negocio en 20 mil millones de dólares a cambio de meterle la mano al capital privado.
La iniciativa terminó en un aparatoso freno de mano monumental ante la rebelión de la UEFA y la propia Concacaf. Pero mientras todos le daban la espalda a Gianni, la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) decidió quedarse en su esquina a estirarle la mano.
¿Por puro amor al arte? Para nada. Hay un pacto bajo la mesa: si la FMF le cuida las espaldas a Infantino para su reelección, el suizo les prometió el milagro de facilitarles la mudanza al cono sur para el ciclo rumbo a 2030, aprovechando que los Mundiales de 64 equipos ya no penalizan con el riesgo de quedar fuera por competir contra las potencias sudamericanas.
Y ojo, que esto no es una jalada de pelos de algún visionario de banqueta. Según reportes proporcionados a La Opinión amarrados con directivos de altísimo crédito —de esos que sí le saben al intrincado teje y maneje del dinero alrededor del Tri—, la idea no debe echarse en saco roto.
Menos ahora que el tablero comercial acaba de dar un vuelco brutal. La mecha que encendió este polvorín es, justamente, el lucrativo acuerdo exclusivo que la Concacaf acaba de firmar con Netflix para transmitir en territorio mexicano las ediciones de la Copa Oro y las finales de la Nations League de 2027 y 2029.
Aquí es donde la puerca tuerce el rabo. Para el gigante del entretenimiento, el negocio no es ver los resúmenes de Martinica o los clásicos caribeños; la verdadera mina de oro, la que justifica el cheque, es el consumidor mexicano que se desvive por el Tri.
Sin México en el mapa local, la señal de la confederación vale lo que un boleto de reventa en partido de fase regular de liga local: cacahuates. Seamos claros: para la Concacaf, la selección de México no es un miembro más, es la gasolina prémium que echa a andar toda la maquinaria.
Ni el crecimiento de la MLS en Estados Unidos, ni el apoyo canadiense, ni las visitas siempre incómodas a Costa Rica u Honduras tienen el músculo financiero que genera el Tri cada que pisa una cancha. México lo sabe y ha decidido jugar su mejor carta de presión. El plan no es armar una revolución de la noche a la mañana, sino obligar a los de pantalón largo de la zona norte a doblar las manos y romper el candado del calabozo.
El objetivo real de la FMF con este coqueteo sudamericano es simple: obligar a la Concacaf a levantar el veto definitivo para que los clubes de la Liga MX regresen con todos los honores a la Copa Libertadores en 2027 y que el Tri se vuelva un invitado inamovible en la Copa América.
Al final, el fútbol es un negocio de vivos, y en México ya aprendieron que para que te den lo que quieres, a veces hay que amenazar con salirse de la casa e inclusive quitarles el pesebre a todos esos que se han hinchado de billetes a costa del balón azteca.
Seguir leyendo:
– El USMNT busca restaurar su dictadura ante el debutante México de Rafa Márquez
– UEFA, Concacaf y AFC acusan de “engaño” y exigen transparencia a la FIFA tras el conflicto por el Mundial
– Infantino mete freno de mano al plan para recaudar $20,000 millones de dólares