¿Hay más terremotos en 2026? Expertos explican por qué parece que la Tierra no deja de temblar

La sucesión de fuertes sismos en Venezuela, Colombia, Japón e Indonesia instaló una pregunta: ¿está aumentando la actividad sísmica mundial? Los registros históricos y los especialistas ofrecen una respuesta menos alarmante de lo que sugieren las últimas noticias.

El terremoto de magnitud 7.7 que sacudió Indonesia este sábado, apenas cinco días después del devastador sismo de magnitud 7.4 en Colombia, volvió a generar una sensación que se repite cada vez con mayor frecuencia en 2026: parece que la Tierra no deja de temblar.

La impresión no carece de motivos. En apenas unos meses se produjeron fuertes terremotos en distintas regiones del planeta y algunos tuvieron consecuencias devastadoras. Colombia seguía este sábado buscando víctimas entre los escombros, con alrededor de 290 muertos, mientras que en Indonesia las autoridades reportaban al menos 47 fallecidos tras el último sismo.

Sin embargo, desde el punto de vista científico hay que separar dos preguntas diferentes: ¿estamos viendo muchos terremotos destructivos en las noticias o realmente aumentó la frecuencia de los grandes terremotos en el planeta?

Hasta ahora, los datos apuntan principalmente a la primera explicación.

¿Hay más terremotos de lo normal en 2026?

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) sostiene que las fluctuaciones temporales en la cantidad de terremotos son normales y que una concentración de grandes sismos durante determinado período no significa por sí misma que la actividad sísmica mundial esté aumentando.

Los registros que se remontan aproximadamente a 1900 permiten establecer una referencia: en un año promedio se esperan unos 16 grandes terremotos en todo el planeta. De ellos, aproximadamente 15 tienen magnitudes entre 7.0 y 7.9 y uno alcanza magnitud 8.0 o superior.

La cifra, además, puede variar considerablemente de un año a otro sin que exista un cambio estructural en el comportamiento de la Tierra.

El USGS recuerda que 2010 tuvo 23 terremotos de magnitud 7 o superior, mientras que en 1989 se contabilizaron apenas seis y en 1988 fueron siete. Esas diferencias forman parte de la variabilidad natural observada durante décadas.

Por eso, la sucesión de fuertes terremotos registrada durante 2026 puede resultar extraordinaria para quienes siguen las noticias, pero no existe hasta ahora evidencia científica de una aceleración global anormal de los terremotos.

¿Por qué entonces parece que hay tantos terremotos este año?

Una de las razones es que varios de los terremotos de 2026 no solo fueron fuertes: ocurrieron cerca de poblaciones y tuvieron enormes consecuencias humanas.

En junio, Venezuela sufrió dos terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5, separados por menos de un minuto y localizados muy cerca entre sí. Semanas después, Colombia fue golpeada por un terremoto de magnitud 7.4 que causó graves daños en varias ciudades del oeste del país. Y ahora Indonesia afronta las consecuencias de otro sismo de magnitud 7.7.

Cuando varios acontecimientos destructivos ocurren en un período relativamente corto, la percepción pública puede ser la de una escalada. Pero la cantidad de víctimas o la magnitud de los daños no permiten determinar por sí solas si existen más terremotos.

Un sismo puede ser extremadamente potente y causar relativamente pocos daños si ocurre a gran profundidad o lejos de centros urbanos. Otro de menor magnitud puede provocar una catástrofe si es superficial, afecta una zona densamente poblada o golpea edificios poco resistentes.

La profundidad, el tipo de falla, las características del suelo, la calidad de las construcciones y la preparación de una ciudad son factores decisivos para determinar el impacto.

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¿Los terremotos de diferentes países están relacionados?

Esta es otra de las preguntas que surgió durante 2026. Después de que en junio se registraran terremotos fuertes en Venezuela, Japón y California en un período muy reducido, Suzan van der Lee, profesora de Ciencias de la Tierra y Planetarias de Northwestern University, analizó si podía existir una conexión entre ellos.

Su conclusión fue que los terremotos venezolanos sí estaban estrechamente relacionados entre sí debido a su proximidad espacial y temporal, pero que habían ocurrido independientemente de los terremotos registrados en Japón y California.

La especialista explicó que alrededor del mundo se producen aproximadamente 15 terremotos de magnitud 7 o superior cada año, unos 150 de magnitud 6 o más y cerca de 1,500 de magnitud 5 o superior.

Que dos grandes terremotos ocurran el mismo día no es habitual, pero tampoco es un fenómeno desconocido. En otras palabras, la cercanía en el calendario no demuestra que un terremoto en un continente esté provocando otro a miles de kilómetros de distancia.

Los terremotos cercanos sí pueden formar parte de una misma secuencia y un gran sismo suele generar numerosas réplicas en su región. Colombia, por ejemplo, había registrado 269 réplicas después del terremoto del 10 de agosto, según datos citados por Reuters este sábado.

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Hoy también sabemos de muchos más terremotos

Existe otro elemento que ayuda a explicar la sensación de que el planeta tiembla más que antes: la capacidad para detectar y comunicar los terremotos aumentó enormemente.

El USGS señala que su catálogo contiene cada vez más eventos, pero aclara expresamente que eso no significa que estén ocurriendo más terremotos.

Hay más instrumentos sísmicos, redes más sensibles y mejores sistemas de comunicación.

El National Earthquake Information Center localiza actualmente alrededor de 20,000 terremotos por año en todo el mundo, un promedio cercano a 55 diarios. La gran mayoría son pequeños y no representan una amenaza importante.

A eso se suma un cambio radical respecto de décadas anteriores: un terremoto ocurrido en Indonesia, Japón o América Latina puede convertirse en cuestión de minutos en noticia internacional, circular mediante videos en redes sociales y generar alertas en teléfonos de personas situadas a miles de kilómetros.

El resultado es una exposición mucho mayor a fenómenos que antes podían pasar prácticamente inadvertidos fuera de la región afectada.

¿La sucesión de terremotos significa que viene uno todavía mayor?

Tampoco existe evidencia científica que permita llegar a esa conclusión. El USGS advierte que una subida o una disminución temporal de la actividad sísmica mundial no puede utilizarse como señal de que se aproxima un gran terremoto.

La ciencia puede identificar fallas, estudiar antecedentes y estimar probabilidades de terremotos en determinadas regiones durante períodos largos, pero no puede predecir con precisión dónde y cuándo ocurrirá el próximo gran sismo.

Por eso, una sucesión como la registrada durante 2026 puede parecer inquietante sin constituir necesariamente una señal de un cambio en la dinámica global del planeta.

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Entonces, ¿2026 es realmente un año excepcional de terremotos?

Por ahora, no hay evidencia suficiente para afirmarlo. Sí existe una concentración llamativa de terremotos fuertes y, sobre todo, de sismos con consecuencias humanas muy visibles, particularmente después de los desastres recientes en Venezuela, Colombia e Indonesia.

Pero los especialistas advierten que las concentraciones temporales ocurren y que deben compararse con décadas de registros, no solamente con unas pocas semanas. El dato de referencia sigue siendo contundente: la Tierra produce en promedio alrededor de 16 terremotos de magnitud 7 o superior cada año.

Así, aunque 2026 pueda sentirse como un año especialmente sísmico, la conclusión científica es más prudente: hasta el momento, lo observado puede explicarse dentro de la variabilidad natural de la actividad tectónica mundial.

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