
Para aquellos que compararon a Joel Huiqui con el mago Merlín, creyendo que bastaba con blandir su varita mágica como lo hizo para llevar a Cruz Azul a su décimo título hace menos de tres meses, este sábado recibieron un baño de cruda realidad.
La Máquina ligó su tercer tropiezo consecutivo al caer 0-2 ante el Atlas, un golpe durísimo que aterriza las expectativas de golpe y deja en claro que el camino a la gloria no se resuelve con pases de magia, sino con trabajo constante y esta noche fue lo que menos se notó en la cancha con un equipo con muchas interrogantes.
El descalabro es lamentable por donde se le mire. Y sí, la polémica arbitral se hará sentir en la semana porque el VAR pecó de omisión al no llamar al silbante Guillermo Pacheco para revisar el primer gol rojinegro.
En las repeticiones se alcanza a ver una jugada donde Edgar Zaldívar parece cargar de forma ilegal por la espalda al zaguero cementero Jeremy Márquez, en una clara falta que dejó a Zaldívar con todo listo para simplemente mandar a guardar el balón.
Pero más allá de los fantasmas del arbitraje y los pretextos de siempre, la realidad es que la escuadra celeste abonó el terreno para otra cruzazuleada de esas que tanto duelen. Simplemente no supieron descifrar a un rival que se les plantó bien atrás.
Les cedió la iniciativa con toda la intención del mundo y los cazó con desdobles letales que dejaron bailando a la zaga y metieron en predicamentos constantes la meta del colombiano Kevin Mier, que tuvo que multiplicarse para no recibir más daño en su meta.
Para colmo de males, la pólvora arriba está más que mojada y la delantera luce chata. Nicolás Ibáñez, Gabriel Fernández y Christian Ebere nomás no hacen uno en la cancha; andan desconectados, lucen displicentes a la hora de dar la estocada final y fallan jugadas que en este nivel son auténticos pecados.
Esta alarmante sequía provoca que la sombra de la contratación del colombiano Miguel Borja por parte del América se agrande a niveles insostenibles, haciendo que la exigente afición cementera empiece a perder la paciencia y a exigir respuestas inmediatas de pantalón largo.
El ambiente en las tribunas del Estadio Banorte empezó a pintarse de gris, pues el respetable pasó de la ilusión al abucheo en un abrir y cerrar de ojos al ver que el equipo no tuvo ni pies ni cabeza en la segunda mitad.
En una noche que debía ser de fiesta por cumplir 600 partidos de Liga en el Coloso de Santa Úrsula, La Máquina se volvió predecible, tirando centros a la olla que la zaga rojinegra reventó sin despeinarse y regalando metros en el medio campo que los Zorros aprovecharon para pasearles la pelota y consumir el reloj con total tranquilidad.
A Joel Huiqui se le viene una semana de auténticos dolores de cabeza en La Noria, donde tendrá que sacudirse el polvo, ajustar las tuercas en zona de definición y demostrar de qué madera está hecho para levantar a un grupo que anímicamente se cayó tras este par de bofetadas.
El torneo sigue su marcha y si en Cruz Azul quieren que la estrella número once sea una realidad y no un cuento de hadas, al timonel mexicano le urge encontrar variantes antes de que la crisis empiece a incendiar el vestidor, porque se le vienen cuatro juegos complicados contra Necaxa, Santos Laguna, América, Inter Miami y Monterrey que sentenciarían su futuro.
Mientras que para el Atlas, la victoria cae como anillo al dedo, pues le da certeza al proyecto del técnico argentino Hernán Crespo, que empezó con dudas y estuvo a punto de hacer cortocircuito, pero que hoy se ha recuperado de forma espectacular hilando victorias sobre Tigres y ahora frente a Cruz Azul.
Seguir leyendo:
– La razón por la que Erik Lira desaparece de la convocatoria de Cruz Azul
– Cruz Azul volvió a las viejas mañas y quedó fuera de la Leagues Cup por otra cruzazuleada
– Crespo puso el pastel y Camilo Vargas el milagro en el aniversario 110 del Atlas