
Durante un evento llevado a cabo en el Centro Espacial Johnson de la NASA, en Houston, Texas, donde la tripulación de la misión Artemis II recibió la Medalla de Honor Espacial del Congreso, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva con el objetivo de crear la Academia Espacial de EE.UU.
El magnate neoyorquino pretende que la nación cuente con una Fuerza Espacial cuyos miembros puedan ser tomados en cuenta en futuros proyectos tecnológicos.
“Necesitamos educar y capacitar a toda una generación de militares cualificados, ingenieros, operarios civiles y demás personal cualificado.
Esto es algo que me entusiasma enormemente, dado el rápido crecimiento de la fuerza espacial y la industria espacial comercial, y la expansión de nuestras ambiciones hacia la Luna y mucho más allá”, expresó antes de firmar el documento.
La denominada Academia Espacial de EE.UU. será vinculada a la NASA y a la industria civil de vuelos espaciales.
“Piensen en West Point (academia del ejército), en Annapolis (academia de la marina), en la Academia de la Fuerza Aérea, en la Academia de la Guardia Costera. Son excelentes. Pero ahora vamos a tener una fuerza espacial”, añadió Trump en su mensaje.
A los proyectos de liderazgo asumidos por el neoyorquino de 80 años se suma la carrera espacial que Estados Unidos sostiene con China para tratar de enviar astronautas a la Luna antes de 2030.
A diferencia de hace más de 50 años, ahora el interés de ambas potencias consiste en montar una base en el satélite natural de la tierra donde puedan iniciarse exploraciones en busca de minerales hasta hoy desconocidos para desarrollar fuentes de energía alternativa.
Y es que si bien, el gobierno estadounidense presume haber puesto al primer astronauta sobre la faz de la luna, el resto de sus misiones nunca volvieron a enfocarse en explorar más a detalle el potencial que podría representar la luna incluso como punto de partida para viajar hacia planetas más alejados.
Por el momento, uno de los grandes desafíos para desarrollar proyectos espaciales radica en el enorme costo de dinero que implican y el largo periodo de tiempo para consolidarlos.
En este sentido, el periodo de Trump al frente de la Casa Blanca le quedará corto para ver a otro estadounidense en la luna, en tanto que para el gobierno chino todos sus proyectos son a largo plazo sin importar quien de la cara como jefe de la nación.
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