Es 2012. En un estudio de ballet en Brasil, una adolescente se equilibra sobre la punta de un pie mientras estira la otra pierna hasta la altura de la oreja. Bajo su muslo levantado, arde un cigarrillo, casi tan cerca como para quemarla, pero sin tocarla.
Es su profesor quien sostiene el cigarrillo, esperando ver qué cede primero: el músculo o la voluntad de la chica. Ella no titubea.
Esa mezcla de disciplina y tozudez la llevaría poco más de una década después a convertirse en multimillonaria.
La adolescente se llamaBA Luana Lopes Lara y hoy, a los 30 años, tiene una fortuna de US$2.600 millones. Es la multimillonaria más joven del mundo que ha hecho su fortuna por sí misma, sin heredarla, según la revista Forbes.
Aunque ha mantenido su vida personal en gran parte privada, lo que le permitió amasar tal cantidad de dinero sí ha dado mucho de qué hablar.
Cofundó una plataforma llamada Kalshi que está a la vanguardia de un negocio que muchos llaman DE apuestas pero que ella prefiere describir como otra forma de trading, es decir, de compraventa de activos, como la que se realiza en los mercados bursátiles.
En su caso, es un mercado de predicción que le permite a cualquiera especular sobre cualquier evento del mundo real, desde cuánta nieve caerá durante una tormenta hasta quién ganará en las próximas elecciones presidenciales de EE.UU.
Lopes Lara ideó una amalgama de Wall Street y Las Vegas: el mundo entero es un casino en el que todos podemos ser jugadores.
Y eso ha movido decenas de miles de millones de dólares en transacciones, así como ha generado mucha polémica.
¿Por qué? Vamos al principio para descubrirlo.
Del tutú al MIT
Antes de las finanzas y de Kalshi, Lopes Lara estuvo la Escola de Teatro Bolshoi en Brasil, la única sede fuera de Rusia de la célebre compañía. Ahí empezó, siendo adolescente, su vida profesional, en un programa de entrenamiento con jornadas que iban desde clases académicas por la mañana hasta largas sesiones de ballet por la noche.
“Practicaba ocho horas al día”, le contó a la BBC, recordando cuánto le dolían sus articulaciones, huesos y músculos, en “un ambiente muy, muy competitivo”.
“En el ballet hay pocos papeles y muy pocas compañías con las que puedes bailar”.
Combinar esa presión física con la psicológica siendo tan joven fue duro, admitió. Pero también le sirvió de entrenamiento para todo lo que vendría después en su vida.
“Aprendes que en realidad puedes hacer mucho más de lo que crees. Y ese tipo de mentalidad es muy importante”, señaló.

Como si el horario no fuera ya suficientemente agotador, Lopes Lara estudiaba hasta entrada la noche para competir en olimpiadas académicas: se llevó el oro en la Olimpiada Brasileña de Astronomía y el bronce en la de Matemáticas de Santa Catarina.
Al terminar el instituto se fue a Salzburgo, Austria, para bailar profesionalmente en una temporada de “El lago de los cisnes”.
Nueve meses después, decidió cambiar las zapatillas de ballet por los libros y mudarse a EE.UU. para estudiar en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
La decisión no fue impulsiva: desde hacía tiempo sabía que el ballet no sería, para ella, el punto final. “Lo amaba, pero siempre tuve ambiciones muy grandes, y quería aprender y construir cosas fuera del ballet también”.
En el MIT estudió ciencias de la computación y matemáticas, y más adelante se inclinó hacia la estadística y las finanzas cuantitativas.
Según ella, lo más valioso no fueron las clases, sino la gente que conoció. Y entre esa gente estaba Tarek Mansour, un estudiante también de ciencias de la computación, nacido en California pero criado en Líbano.
Ambos hicieron prácticas en Wall Street, y una tarde de 2018, mientras caminaban tras salir del trabajo, a ella se le ocurrió la idea que cambiaría la vida de los dos.
Todo lo opinable es negociable
A Lopes Lara le había llamado la atención que en los mercados financieros las opiniones sobre el futuro casi siempre se expresaban de manera indirecta, nunca directa.
“En aquel momento, el Brexit era muy importante, y todo el mundo llamaba a Goldman y a Bridgewater, el lugar donde trabajábamos, a preguntar cómo encontrar la forma de expresar sus opiniones en los mercados”.
Esas fórmulas siempre eran indirectas: vender en corto la libra esterlina, comprar tal instrumento, apostar por tal otro, en un intento de imitar lo que en realidad se quería predecir.
Lo que se le ocurrió fue “crear un lugar donde pudieras operar directamente sobre si el Brexit iba a ocurrir o no”.
Mansour vio el potencial de inmediato.
Decidieron fundar una empresa y la llamaron Kalshi (que en árabe significa “todo”).

La filosofía, en palabras de Mansour, era simple: financiarizarlo todo.
“El universo de lo que hoy se puede negociar frente a lo que podría negociarse es diminuto. Cualquier cosa sobre la que exista una diferencia de opinión, algún día podrá ser objeto de comercio”, señaló.
La idea de fondo era sencilla de explicar, aunque no tanto de asimilar.
“Los mercados de predicción funcionan como el mercado bursátil, pero en lugar de operar con acciones, operas con el resultado de eventos futuros”, resumió Lopes Lara.
Los usuarios especulan sobre el resultado de acontecimientos reales, desde elecciones hasta datos de inflación, deportes o los ganadores de los Oscar.
Lo hacen mediante lo que se denomina “contratos de eventos”; el precio del contrato refleja lo que el mercado cree que es la probabilidad de que ocurra. Cuando el acontecimiento se resuelve, el contrato paga.
Con esa idea acudieron a Y Combinator, la aceleradora californiana que impulsó a startups como Airbnb y Reddit, y la presentaron como “una bolsa de valores para acontecimientos”.
Uno de los socios, Michael Seibel, decidió arriesgarse, y en 2019, la revista Forbes publicó el primer artículo sobre Kalshi.
Resaltó que buena parte de lo que pretendían hacer era ilegal.
De apuestas a contratos
Las leyes de apuestas en EE.UU. son un mosaico: cada estado decide qué permite y qué no, desde que en 2019 el Tribunal Supremo derogó la norma federal que las prohibía casi por completo. Armar un negocio nacional sobre esa base era un terreno minado.
La estrategia de Lopes Lara y Mansour consistió en no llamar a las cosas por su nombre: Kalshi no ofrecería apuestas, sino “contratos de eventos”.
El matiz legal importaba porque los mercados de predicción ya estaban regulados, pero por la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas (CFTC, por sus siglas en inglés), bajo la ley de materias primas, no bajo la ley del juego.
Si conseguían que la CFTC los tratara como una bolsa financiera, dejarían de estar sujetos a las restricciones del juego.

Conseguir esa licencia federal no iba a ser sencillo. Los reguladores llevaban décadas preocupados por el uso de información privilegiada.
El temor no era abstracto: este año, por ejemplo, alguien ganó US$400.000 en un mercado de predicción rival apostando por la fecha exacta en que el presidente venezolano Nicolás Maduro dejaría el poder, despertando sospechas de que esa persona tenía algún vínculo directo con la situación.
Los cofundadores de Kalshi consultaron a más de 60 abogados y todos les aconsejaron que se olvidaran del proyecto: llevaba intentándose sin éxito desde los años 80.
Pero al fin dieron con la persona ideal: Jeff Bandman, abogado y antiguo funcionario de la CFTC, que conocía el organismo por dentro y aceptó liderar su estrategia regulatoria.
En noviembre de 2020, tras dos años de idas y vueltas, el presidente de la CFTC los llamó personalmente para darles el visto bueno.
Kalshi se convirtió así en la primera bolsa de contratos sobre eventos regulada a nivel federal en la historia de EE.UU.
Puertas abiertas
En julio de 2021 Kalshi abrió sus puertas al público, primero solo como sitio web. Los inicios fueron discretos, pero poco a poco los contratos empezaron a multiplicarse.
En 2022 Forbes incluyó a Lopes Lara, con 25 años, en su lista de menores de 30 más destacados, aunque en ese artículo la cara visible fue Mansour. Para entonces la empresa ya tenía oficina en Nueva York, 32 empleados y negociaba dos millones de contratos por semana.
En 2023, un solo usuario superó el millón de dólares en ganancias anuales operando en la plataforma.
Ese mismo año se dio el siguiente gran salto, con la elección entre Donald Trump y Kamala Harris.
La CFTC bloqueó los contratos de Kalshi sobre esas elecciones por parecerse demasiado a una apuesta.
Lopes Lara, contra el consejo de sus propios inversionistas, demandó al regulador argumentando que un resultado electoral “tiene consecuencias para todos” y “cumple un papel esencial en determinar nuestro futuro colectivo”.
En septiembre de 2024 ganó el juicio. Kalshi lanzó la primera especulación legal sobre unas elecciones estadounidenses en más de un siglo, y la aplicación se disparó al primer puesto de la App Store.

El fenómeno se repitió, a menor escala, en la contienda por la alcaldía de Nueva York en 2025. El candidato Zohran Mamdani llegó a citar en plena campaña las cuotas de Kalshi, que en un momento dado le daban más del 90% de probabilidades de ganar.
Que un candidato use las cifras de una plataforma de este tipo como argumento de campaña dice mucho de cuánto peso habían ganado estos mercados en la conversación pública.
Para Lopes Lara, esa es una de las razones que la impulsan a seguir adelante.
“Los datos imparciales que obtienes sobre el estado de una elección son muy importantes”, le dijo a la BBC.
Según ella, tener acceso a ese tipo de información -que, indicó, ha demostrado una y otra vez ser más precisa que los sondeos tradicionales- es clave “para una democracia saludable”.
Quizás. De lo que no hay duda es que es que, con la puerta de la política abierta, entró el dinero grande.
El juego de la vida
En diciembre de 2025, Kalshi alcanzó una valoración de US$11.000 millones. Para entonces, Lopes Lara poseía el 12% de la compañía: unos US$1.300 millones.
A los 29 años, se convirtió en la mujer más joven del mundo en construir una fortuna semejante desde cero.
En marzo de 2026 la empresa dio su primer paso fuera de Estados Unidos, abriendo operaciones en Brasil, el país donde todo empezó para ella.
El crecimiento no ha silenciado las preguntas incómodas.
La primera es obvia: ¿es Kalshi una casa de apuestas disfrazada?
El daño que pueden causar los juegos de azar es conocido.
Kalshi responde que está fuertemente regulado, y señala que no gana dinero de las pérdidas de sus usuarios, sino de una comisión por transacción.
“Cuando juegas en casas de apuestas o en casinos y todo eso, estás apostando contra la casa, y la casa siempre gana. El juego está amañado en tu contra. Nosotros funcionamos como un mercado justo, igual que los mercados de opciones y los mercados de futuros”, le dijo Lopes Lara a la BBC.
Otra preocupación tiene que ver con la información privilegiada. Si alguien sabe algo que el resto desconoce, puede sacar una ventaja desleal al sistema. El caso del militar que ganó dinero apostando por la fecha exacta en la que Maduro dejaría el poder, y que hoy enfrenta cargos por ello, ilustra bien el riesgo.
La empresa asegura que prohíbe explícitamente el uso de información privilegiada y que investiga cualquier comportamiento sospechoso.
Y hay más y más inquietudes.

¿Existe el riesgo de que el interés económico termine influyendo en el resultado de un acontecimiento, en lugar de limitarse a predecirlo?
Kalshi sostiene lo contrario: que tener dinero en juego incentiva a la gente a informarse mejor y participar más en la vida democrática.
Por otro lado, si la visión de Kalshi, según Mansour, es “financiarizar todo y crear un activo negociable de cualquier diferencia de opinión”, ¿no hay límites?
Lopes Lara le aseguró a la BBC que las “líneas que no vamos a cruzar tienen que ver con actividades violentas: guerras, terrorismo, asesinatos, esas son cosas que no tocamos”.
Sin embargo, en la plataforma se han tocado temas como la posibilidad de una hambruna en Gaza, cuántas personas deportaría ese año el gobierno de Donald Trump y el destino del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, antes de su magnicidio.
“Básicamente, se ha legalizado apostar a casi cualquier cosa, convirtiéndose en algo muy macabro”, declaró Craig Holman, un lobista de asuntos gubernamentales del grupo de defensa Public Citizen.
¿Se le está poniendo precio a la tragedia?
¿Se ha convertido la vida pública en un juego de azar?
Las preguntas se multiplican, mientras que en Kalshi y otras plataformas similares millones de usuarios valoran otras a veces más lúdicas, como: ¿Abrirá Bad Bunny su show con ‘Tití Me Preguntó’? o ¿Dirá el presidente de la Reserva Federal en su discurso 10 veces la palabra ‘recortes’?
Entretanto, la exbailarina se sigue haciendo rica. En mayo de 2026 se reportó que los cofundadores de Kalshi habían más que duplicado su patrimonio en apenas seis meses.
“Ha sido muy surrealista”, dijo Lopes Lara. “Mirar atrás y pensar que era una chica de Brasil apasionada por el ballet, que solo tenía el sueño de venir a Estados Unidos y construir cosas… es una locura ver esto”.
*Este artículo es una adaptación del episodio “Luana Lopes Lara: Prediction market payout” de la serie de la BBC Good Bad Millionaire y el episodio “The ex-ballerina betting big on prediction markets” de la serie de la BBC Business Daily. Escúchalos en tu app de podcasts favorita

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