
Al Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone le faltaron agallas y le sobró soberbia en su debut europeo. El conjunto colchonero prefirió guardarse las armas que pudieron enfriar el partido en Anfield, dejando al mexicano Obed Vargas más cepillado que bota de militar en el banquillo de suplentes.
Al final, en el pecado llevaron la penitencia, firmando una grotesca de bofetadas tácticas al caer 2-1 frente a un Liverpool que no se tentó el corazón y que dio uno de los primeros golpes en la UEFA Champions League.
La presencia del mediocampista azteca habría sido un bálsamo de oro puro en el centro de la cancha, sobre todo por esa capacidad que tiene para devorarse los espacios y darle pausa al esférico. Sin embargo, el “Cholo” jamás quiso voltear a ver al juvenil como una solución real para contener el vendaval inglés, amarrándose a su librito tradicional hasta que la tormenta se los llevó entre las patas.
Y eso que las cosas arrancaron a pedir de boca para la visita. Marcos Llorente adelantó a los españoles apenas a los veinte minutos tras un gran servicio de Julián Álvarez. El gol cayó como balde de agua fría en ‘The Kop’, reviviendo los peores fantasmas de aquella mítica eliminación del 2020. Llorente se volvió a vestir de verdugo en patio ajeno, pero esta vez los ‘Reds’ tenían escrita otra historia en el guion.
El golpe de autoridad obligó al banquillo local, comandado por Andoni Iraola, a ajustar las tuercas de inmediato. El Liverpool tomó por completo las riendas del partido apoyado en una zaga de bomberos con Van Dijk y Jacquet tratando de tapar las vías de escape. La marea roja empezó a empujar con todo su arsenal y cuando gente como Wirtz, Isak o Barcola se asocia, es cuestión de tiempo para que el rival termine pidiendo la hora.
El premio a la insistencia llegó antes de irse a descansar, cuando Ronald Araújo se inventó una genialidad dentro del área asistiendo con un taconazo espectacular para que Dominik Szoboszlai la mandara a guardar. Con el empate, al Atlético se le derrumbó la moral por completo y la charla del medio tiempo se convirtió en un auténtico funeral.
Para el complemento, las costuras de la defensa rojiblanca terminaron de abrirse. Aunque Bradley Barcola perdonó de forma increíble un mano a mano que vale millones, la revancha inglesa se cocinó de inmediato. Tocando la pelota de lado a lado ante la complacencia colchonera, Alexis Mac Allister sacó un zapatazo implacable con la pierna zurda para consumar la voltereta y poner a festejar a todo Anfield.
El gol del argentino terminó por sepultar las ideas de un cuadro madrileño inoperante, que se quedó esperando un milagro que nunca llegó, ni siquiera cuando a Jeremie Frimpong le anularon el tercer tanto de la tarde por fuera de juego. El Atlético arranca la Champions con el pie izquierdo y pensando seriamente qué hubiera pasado si el timonel argentino se hubiera atrevido a mover sus piezas a tiempo.
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