
Los aficionados lo intuyeron desde el principio. Por más esfuerzos que pusieran en la cancha los futbolistas que participaron en la quinta edición del All-Star Game entre la Major League Soccer y la Liga MX, había un vacío imposible de llenar.
La magia del evento se diluyó ante la baja por lesión o descanso de las máximas figuras del continente: la ausencia del argentino Lionel Messi, el bloque estelar de las Chivas de Guadalajara, el guardameta Keylor Navas y la joven promesa Gilberto Mora pesaron de forma descomunal en el ambiente previo.
El reflejo más fiel de este desapego se vivió en las tribunas. De las 80 mil localidades disponibles en el imponente Bank of America Stadium de Charlotte, Carolina del Norte, solo se ocuparon cerca de 40 mil butacas. La mitad del estadio quedó vacía, atestiguando en silencio cómo la liga estadounidense firmaba una victoria de 4-3 sobre los mexicanos, consolidando una marcada paternidad en este formato de exhibición al sumar su cuarto triunfo histórico sobre las estrellas aztecas.
El brillo de los que sí cumplieron
Es justo señalar que los futbolistas presentes hicieron lo posible por salvar el espectáculo. Los menos culpables del desfile de ausencias fueron figuras internacionales de la MLS como el surcoreano Son Heung-Min (LAFC), quien se despachó con un doblete clave, o el veterano alemán Thomas Müller, cuya entrega y liderazgo empujaron al combinado norteamericano hacia el triunfo.
En la acera de enfrente, el panorama fue radicalmente opuesto. En el equipo de las estrellas de la Liga MX, dirigido por el argentino Antonio Mohamed, la lista de bajas se convirtió en una losa imposible de levantar.
Hicieron falta nombres determinantes como Armando “Hormiga” González, Bryan “La Cotorra” González, Ricky Ledezma, Brian Gutiérrez, Nahuel Guzmán y los ya mencionados Mora y Navas. Sin esa columna vertebral, el equipo mexicano careció del punch necesario para competir de igual a igual desde el pitazo inicial.
Chispazos de calidad en medio de la apatía
A pesar del contexto adverso, el orgullo deportivo obligó a los presentes a buscar el arco rival. La primera mitad se convirtió en el show de Son Heung-Min. El atacante asiático, sediento de revancha tras un Mundial 2026 en el que pasó prácticamente de noche con su selección, encontró en el césped de Charlotte el escenario perfecto para expiar culpas.
Con un par de chispazos de clase mundial, Son mandó guardar el balón en las redes en dos ocasiones, mandando el partido al descanso con un contundente 3-1 a favor de la MLS.
Para la parte complementaria, el “Turco” Mohamed movió sus piezas en busca del orgullo. La Liga MX mandó al terreno de juego al experimentado venezolano Salomón Rondón y al creativo argentino José Paradela con la firme intención de revolucionar el ataque.
Con el respaldo del uruguayo Fernando Gorriarán en la distribución, el combinado mexicano despertó y puso en serios predicamentos la meta norteamericana. Sin embargo, la reacción fue tardía; el reloj se consumió y el 4-3 definitivo sentenció otra caída del balompié mexicano ante su eterno rival de la región.
Un formato en el ojo del huracán
Al final, queda la sensación de que este All-Star Game fue un duelo metido con calzador en un calendario asfixiado por el reciente Mundial. Los miles de fanáticos que pagaron un boleto en Charlotte sabían de antemano que la experiencia estaría incompleta.
El desencanto en la taquilla y las constantes bajas de las plantillas estelares obligan a una reflexión profunda. Los directivos de ambas ligas tendrán que replantear seriamente las fechas, la logística y el valor real de este evento si no quieren que, más temprano que tarde, la falta de interés termine por cancelarlo definitivamente.
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