
Los directivos mexicanos, no obstante que el proyecto planteado por Gianni Infantino para abrirle la puerta a la inversión externa ponía en peligro la autonomía de la FIFA y la transparencia de los torneos, prefirieron aplazar su postura.
El grupo encabezado por Mikel Arriola, conociendo de sobra los intereses comerciales y de televisión que tiene la empresa Televisa con la FIFA, prefirió aguantar y esperar línea del alto mando de quienes históricamente han controlado las decisiones del fútbol en México.
Pero una vez que se concretó la cancelación del proyecto por parte de Gianni Infantino —bajo el argumento tan romántico de que el fútbol debe mantener su autonomía y no ser tentado por los grandes intereses económicos—, a los directivos aztecas no les quedó de otra. Tuvieron que sumarse de inmediato a la firma del documento donde los 41 países afiliados a la Concacaf mostraron su alegría porque el presidente de la FIFA dio un paso atrás.
La historia de un repudio histórico
Toda la serie de acontecimientos que llevaron a la FIFA a retirar de la mesa su famoso proyecto de privatización comercial no hizo otra cosa que avivar el avispero a nivel mundial.
El pasado miércoles, la FIFA anunció su intención de vender el 20 % de FIFA Forward Enterprise (FFE), la nueva filial que buscaba crear para manejar las operaciones comerciales y los eventos de la organización, como el Mundial de fútbol, su principal producto.
El proyecto recibió el jueves un duro revés con la negativa de la UEFA —cuna de los ganadores de 13 de las Copas del Mundo disputadas desde 1930—, la cual alertó que sus federaciones nacionales no participarían en las competiciones de la FIFA si la propuesta se mantenía.
El viernes, acorralado por la presión, Infantino anunció en un comunicado que la entidad desistía de su intención de crear dicha filial después de “escuchar atentamente a todas las partes”.
La Concacaf exhibe el mal liderazgo
Tras el freno, la Concacaf agradeció el papel de los medios de comunicación por sacar el tema a la luz y le recordó a la FIFA que no es una empresa privada, sino un organismo que debe actuar en beneficio de sus miembros.
La confederación regional fue tajante al señalar que este acto unilateral es síntoma de un liderazgo que dejó de priorizar el deporte, calificándolo como un acto flagrante de mala gestión que exige un análisis exhaustivo de la presidencia de Infantino.
Al final, con las manos atadas por la presión internacional y la contundencia de sus vecinos de región, a la FMF no le quedó más remedio que estampar su firma en un texto que celebra que el fútbol siga en manos del fútbol y no de un solo individuo.
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