
Dicen los viejos sabios que donde hubo fuego, cenizas quedan, y si las cenizas son de lobo, pues aúlla y revive el incendio. Justo eso pasó este viernes en Molineux, donde tuvieron que pasar 43 meses y tres días de ayuno y nostalgia para que Raúl Jiménez volviera a las grandes noches en la que siempre será su casa.
El idilio amoroso entre el delantero hidalguense y el Wolverhampton revivió su capítulo más pasional, demostrando que el amor apache con la manada no se olvida ni se entierra, mucho más cuando ese vínculo fue tan fuerte que convirtió a Jiménez casi en una leyenda para los Wolves.
El escenario ya no es el de la alta alcurnia de la Premier, pero la entrega del “Lobo mexicano” es la misma que lo volvió dios en Inglaterra. Al ariete mexicano no le asusta bajarse al lodo del circuito de plata en la Championship, pues sabe que el equipo tiene condiciones para regresar al máximo nivel a la vuelta de los próximos doce meses.
Con el orgullo intacto tras cargar a la selección de México hasta los octavos de final en el reciente Mundial 2026, Jiménez saltó a la cancha con la misma hambre de sus mejores años, dejando atrás su fría etapa con el Fulham que ya es pura historia.
La cosa estaba color de hormiga. Los Rovers del Blackburn ya le estaban apedreando el rancho a los Wolves con un 2-1 que dolía en el alma. Al minuto 60, el timonel decidió soltar a la bestia. Raúl entró al quite no solo a meter la pierna, sino a revivir fantasmas.
El muro defensivo rival parecía una aduana infranqueable, de esas donde no pasa ni el viento, pero la veteranía y el colmillo largo del mexicano terminaron por pesar en el área y al final se convirtió en factor del resultado final del primer juego de la Championship de Inglaterra.
Cuando el agua le llegaba al cuello a su escuadra en el tiempo de compensación, la justicia divina llegó desde los once pasos. Con la frialdad de un cirujano de barrio, Jiménez cobró el penal al minuto 93, la mandó a guardar y desató la locura total.
Al fondo de la tribuna volvió a retumbar el mítico “Sí, Señor”, ese himno que la grada de los Wolves le compuso al romperredes azteca y que no se escuchaba con tal fuerza desde aquel lejano enero de 2023.
Con este rugido agónico desde el manchón de cal, Raúl rescató un punto de oro (2-2) en la jornada inaugural y les recordó a los británicos que el lobo puede cambiar de pelaje, pero jamás de instinto cazador.
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