El ultimátum silencioso para Joel Huiqui en el banquillo de Cruz Azul ante Necaxa

El crédito se le agota a Joel Huiqui y el entorno de La Máquina ya empezó a calentarse a marchas forzadas. En el balompié azteca bien sabemos que la paciencia es un artículo de lujo que casi nadie se puede permitir, y la silla eléctrica de Cruz Azul no es la excepción a la regla.

El respaldo institucional que hoy presume el estratega celeste tras ligar tres descalabros consecutivos pende de un hilo muy delgado; una caída este viernes ante Necaxa en el Estadio Victoria desataría la crisis total en una institución que históricamente vive en el ojo del huracán cuando los resultados no acompañan.

Huiqui camina directo sobre la cuerda floja y no tiene derecho a parpadear ni un solo segundo. Con este panorama, seguir dejando puntos en el camino no es una opción, sino una sentencia de salida para el timonel mexicano, sobre todo con la presión del tiempo en torneos cortos donde parece que los técnicos están sentados en una silla eléctrica.

La urgencia de enderezar el rumbo en Aguascalientes se vuelve mayúscula al mirar de reojo el calendario de terror que se le avecina a Cruz Azul. La aduana inmediata incluye citas de altísimo voltaje frente a Santos Laguna, el Clásico Joven contra las Águilas del América, el mediático e intenso choque ante el Inter Miami y una visita de poder a poder contra los Rayados de Monterrey.

Sin embargo, detrás de la mala racha que se refleja en la cancha, el verdadero incendio se gesta en los pasillos y oficinas de La Noria. Investigaciones de La Opinión con gente muy allegada al club revelan que la relación entre Huiqui y su auxiliar técnico, Facundo Julián Oreja, está sumamente desgastada y se vive una incómoda tregua en el día a día.

El argentino no llegó por pedido del entrenador, sino como una imposición directa del director deportivo, Iván Alonso, una figura que ha centralizado absolutamente todas las decisiones del equipo desde su llegada. Esta falta de química en el banquillo ha terminado por mermar la planeación y el entendimiento en el seno del cuerpo técnico.

Esta lucha de egos y control vertical por parte de Alonso ya cobró facturas importantes en el pasado reciente del armado del plantel. El ejemplo más claro fue la fallida contratación del delantero colombiano Miguel Borja a finales de año, un fichaje que estaba prácticamente apalabrado y que terminó cayéndose por decisiones directas del directivo charrúa.

En su lugar, la directiva apostó por la polémica incorporación del africano Christian Ebere; un jugador que, si bien se ha convertido en la grata sorpresa del plantel respondiendo con goles y entrega en el terreno de juego, aterrizó en la institución sin el visto bueno del propio Huiqui.

Hoy, el estratega cementero no solo debe luchar contra el reloj y los rivales de jerarquía en la Liga MX, sino también sortear un complejo ecosistema político interno si es que quiere salvar su puesto, además de que la directiva no está dispuesta a seguir abriendo la cartera como lo ha hecho en fechas recientes con contrataciones que superan hasta los diez millones de dólares.

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