
La genialidad en el balompié no se mide por el tiempo que se corre en la cancha, sino por la capacidad de aparecer en el momento exacto para cambiar el destino de un partido. Gilberto Mora, la auténtica joya de la corona de los Xolos de Tijuana y firme promesa de la Selección Mexicana, frotó la lámpara en el momento bravo para despacharse con un doblete que selló la victoria fronteriza.
El triunfo local desnudó por completo la cruda realidad de unos Pumas de la UNAM que pasaron de ser fieras indomables a lucir como simples gatitos de tocador, ligando su sexto partido consecutivo sin conocer la victoria y encendiendo las alarmas en el Pedregal por la alarmante caída libre que vive la institución.
El abismo táctico y el olvido de la mística universitaria
Lo vivido en el terreno de juego de la frontera no fue un simple tropiezo azaroso, sino la confirmación de que la filosofía colectiva que llevó a los felinos a disputar la final del balompié azteca contra Cruz Azul en los torneos anteriores ha quedado completamente en el olvido.
Aquella estructura sólida y combativa construida bajo la gestión de Efraín Juárez hoy parece un vago recuerdo. Las nuevas formas de juego dictadas desde el banquillo por el estratega argentino Esteban Solari se perciben sumamente lejanas de ser asimiladas por el plantel, arrastrando al equipo a una crisis de identidad donde los jugadores lucen perdidos y sin brújula sobre el rectángulo verde.
La jerarquía de un canterano ante una leyenda internacional
Bajo ese panorama de confusión visitante, la escuadra de Tijuana simplemente tuvo que mantener el orden y apretar los botones adecuados en las transiciones ofensivas para castigar los errores universitarios.
La diferencia sustancial la marcó la personalidad de Gilberto Mora, quien asumió la responsabilidad de cobrar las penas máximas con la frialdad y el colmillo de un veterano consagrado. El juvenil mexicano se plantó con autoridad desde los once pasos a los minutos 53 y 81.
Fueron los momentos para fusilar sin miramientos al experimentado e internacional arquero costarricense Keylor Navas, una estampa que retrata el cambio de estafeta generacional y que terminó por sepultar las aspiraciones de la escuadra capitalina.
Un duelo de chispazos y la inoperancia en el medio campo
Hasta antes de las anotaciones desde el manchón penal, el trámite del compromiso se había transformado en una lucha estéril por el control de la pelota, carente de ritmo y con pocas ideas claras en la creación. Mora intentaba desequilibrar con su talento individual, pero sus esfuerzos se quedaban cortos al no encontrar una respuesta asociativa por parte de sus compañeros de ataque.
Por el bando contrario, la malaria fue idéntica, ya que los Pumas no terminan por descifrar el nuevo manual de juego implementado por el “Tano” Solari, naufragando en un mar de pelotazos e imprecisiones que facilitaron la tarea de la zaga defensiva de los caninos.
Nombres sin libreto y el peso del parado táctico
La gran encrucijada para la directiva auriazul es que la materia prima es prácticamente la misma que entregó dividendos en el pasado reciente. Elementos de la calidad de Uriel Antuna, Robert Morales, Adalberto Carrasquilla y Alan Medina se mantienen en la plantilla tratando de conectar con el estilo y la distribución de juego del argentino Luciano Herrera, pero el esfuerzo colectivo apenas alcanza para chispazos individuales aislados.
La preocupante realidad es que la plantilla no presenta caras nuevas o variantes revulsivas, por lo que la abismal diferencia en el rendimiento actual radica estrictamente en la transición del parado táctico y la metodología entre la anterior etapa de Efraín Juárez y el presente proyecto de Esteban Solari.
Bajo este panorama, Xolos Tijuana ve la luz al final del túnel, mientras que Pumas apuesta porque el “Chino” Huerta, recién repatriado, traiga la lámpara para frotarla y poder cambiar la inercia de los felinos que ahora parecen muy lejos de volverse a parar en una gran final.
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