
Hacer historia en el balompié mundial sale caro, y si no, pregúntenle a Ollamani… Según datos revelados por el portal Bloomberg Línea, el Estadio Azteca se alzó con la triple corona mundialista, pero el gustito le dejó un buen “raspón” a las finanzas de la compañía.
La directiva sacó la calculadora y estimó que la tremenda fiesta mundialista provocó un impacto neto negativo de aproximadamente MXN$813 millones (unos US$47 millones de billetes verdes).
Esta cantidad contempla los gastos de los cinco partidos oficiales, los compromisos amarrados con los dueños de los palcos y toda la logística para que la Ciudad de México luciera como una sede de primer nivel.
Las cuentas no cuadran: el desglose del bache financiero
Para que se den una idea de cómo estuvo el “estira y afloja”, el golpe al bolsillo se dividió en dos tandas:
Primer round: MXN$557 millones correspondieron a los movimientos del primer semestre del año. Esto provocó que, al corte del 30 de junio de 2026, la empresa registrara una pérdida neta acumulada de MXN$548 millones.
Segundo round: Los MXN$255 millones restantes de la pérdida se van a ver reflejados en el reporte del tercer trimestre. Eso sí, Ollamani (que cotiza en la bolsa como AGUILCPO) aclaró que esta última cifra todavía puede variar tantito en lo que terminan de amarrar el cierre de ese periodo.
A pesar de las cifras en rojo, la empresa mandó un mensaje de calma a sus inversionistas, asegurando que “estos resultados no son el patrón ordinario de la compañía”. Es decir, se trató de un tropezón extraordinario por albergar el torneo más importante del mundo, por lo que esperan que las aguas vuelvan a su cauce pronto.
El Fan Fest, el Tri y el “visto bueno” de la FIFA
Todo este relajo financiero se movió a través de sus filiales: Fútbol del Distrito Federal (la mera buena para operar el estadio) y Host City Ciudad de México, el comité que se partió el lomo junto con la FIFA para organizar eventos masivos, incluyendo el ya tradicional Fan Fest que puso a vibrar el Zócalo capitalino.
Recordemos que Ollamani le entregó las llaves del Estadio Banorte a la FIFA desde el 14 de mayo y no las recuperó sino hasta que se acabó el torneo, el 19 de julio. En ese mes y medio de pura pasión futbolera, el coloso albergó el partido inaugural donde la Selección Mexicana se midió ante Sudáfrica, además de los intensos choques del Tri contra Ecuador, República Checa e Inglaterra, cerrando la cartelera con el duelo entre Colombia y Uzbekistán.
El polémico pleito con los palquistas
Una de las razones por las que la cifra se elevó tanto fue el famoso acuerdo con los dueños de palcos y plateas de toda la vida. Tras un largo y tenso “estira y afloja” legal, Ollamani tuvo que desembolsar US$62 millones (unos MXN$1,083 millones) a la FIFA. ¿Para qué? Para garantizar que los titulares de estos espacios pudieran entrar a los partidos del Mundial sin tener que pagar ni un solo peso extra.
La remodelación va por otra cuenta
Para finalizar, la empresa dejó muy claro que este impacto negativo no se mezcla con el dinero invertido en las obras de remodelación y modernización del inmueble.
Hay que recordar que el coloso de Santa Úrsula pasó 18 meses bajo el bisturí para quedar “de rechupete” para el Mundial. Para financiar esa enorme obra, la compañía solicitó en 2025 un crédito a 12 años con Banorte por MXN$2,100 millones, además de un jugoso contrato de patrocinio a largo plazo que incluyó, ni más ni menos, que el cambio de nombre de nuestra catedral del fútbol.
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