La tormenta en Puebla exhibe que los intereses económicos valen más que la seguridad de Chivas y la Franja

Pudieron más los intereses económicos de las directivas de Puebla y Chivas, y los compromisos de las televisoras, que la sensatez de aplazar unos minutos el segundo tiempo para proteger la integridad física de los futbolistas y el espectáculo mismo.

Al final, nadie quiso sacrificar un solo peso para dejar pasar la tremenda tormenta que azotó la Angelópolis, una decisión que terminó por congelar el rendimiento de ambas escuadras e hizo imposible romper el empate 1-1 definitivo.

La postura de la Liga MX contrasta radicalmente con los estándares internacionales recientes. A diferencia de lo visto en el Mundial 2026, donde el protocolo de tormenta eléctrica se activó sin titubeos en varios encuentros disputados en territorio mexicano, en el Estadio Cuauhtémoc la historia fue muy distinta.

En medio de un torrencial aguacero aderezado con truenos y rayos, tanto poblanos como tapatíos se vieron obligados a batallar cerca de 30 minutos bajo condiciones infames que alteraron por completo el traslado del balón y la dinámica del juego.

La Franja pegó primero aprovechando el descuido


Hasta antes de que el cielo se cayera sobre el inmueble de la colonia Maravillas, el partido ofreció pasajes interesantes y un ida y vuelta de alta intensidad. El marcador se inauguró al minuto 25 gracias a la viveza de Eduardo Mustre.

La jugada nació de una gran acción individual del uruguayo Emiliano Gómez, quien armó una descolgada peligrosa por el sector izquierdo; al mandar el centro, el arquero rojiblanco Raúl “Tala” Rangel falló en el corte y dejó la pelota viva en el área chica, un regalo que Mustre no perdonó para empujar a las redes el 1-0.

El golpe en el orgullo pareció excesivo para lo mostrado en la cancha. Chivas no había dejado de intentar, pero la flagrante falta de puntería de sus atacantes —donde hombres como Jordan Carrillo, Brian Gutiérrez y Armando González perdonaron de cara al marco rival— permitió que los dirigidos por la Franja los pusieran seriamente contra la pared durante la primera mitad.

El rugido del ‘Piojo’ y el caos del agua
Para la parte complementaria, el Guadalajara saltó al terreno de juego con otra disposición y con la firme consigna de comerse el balón. El hambre dio dividendos muy rápido: al minuto 63, Roberto “Piojo” Alvarado firmó un auténtico golazo.

El seleccionado nacional enganchó desde la banda derecha hacia el centro, se metió al área con determinación y sacó un tremendo disparo cruzado que dejó sin opciones al guardameta local, decretando el 1-1 que encendía las tribunas.

Un golazo del “Piojo” Alvarado que cómo hubiera querido la afición mexicana que ese mismo talento para impactar el balón lo hubiera iluminado en el reciente duelo mundialista contra Inglaterra, donde pareció que las ideas en la cancha se le endurecieron al atacante de Chivas y al resto de los seleccionados nacionales.

Lamentablemente, el buen fútbol se ahogó ahí mismo. Tras la anotación del chiverío, la tormenta se intensificó al grado de saturar el drenaje del terreno de juego. Los últimos 25 minutos fueron un trámite accidentado, con los futbolistas más preocupados por lograr que el esférico rodara sobre un césped a punto de encharcarse que por generar peligro.

La prioridad mutó en tratar de evitar lesiones musculares o de ligamentos, habituales cuando la superficie se vuelve rápida y las barridas se vuelven incontrolables.

Con este resultado condicionado por el clima y las finanzas, Chivas sumó un punto para llegar a cuatro unidades en el torneo, exactamente la misma cosecha que tiene el Puebla. Ambos conjuntos permanecen emparejados en la zona media de la tabla general, ocupando los escalones sexto y séptimo de la clasificación.

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