Mikel Arriola bajo la lupa: Leagues Cup, ascenso y descenso y el polémico respaldo a Infantino

La reciente crisis en el interior de la FIFA dejó una imagen que difícilmente pasó inadvertida para el futbol mexicano. Mientras Concacaf cuestionó el proyecto impulsado por Gianni Infantino para modificar la estructura comercial de algunos de los principales negocios de FIFA, la Federación Mexicana de Futbol (FMF) optó primero por mantener una postura cautelosa y, días después, terminó respaldando públicamente al presidente del organismo.

El contraste llamó la atención porque México pertenece a una confederación que había expresado una posición crítica frente al proyecto.

La propuesta de Infantino contemplaba la creación de FIFA Forward Enterprise, una compañía destinada a concentrar la operación comercial de grandes competencias y que contemplaba ofrecer hasta 20% de participación a inversionistas privados. El objetivo era captar miles de millones de dólares para incrementar los recursos destinados al desarrollo del futbol.

El proyecto generó oposición en distintos sectores y finalmente fue retirado.

En medio de la disputa, la FMF pasó de señalar que analizaría la propuesta antes de tomar una decisión a respaldar el liderazgo de Infantino y la necesidad de respetar la institucionalidad de FIFA.

El episodio coloca nuevamente a Mikel Arriola bajo la lupa y permite revisar algunas de las decisiones más cuestionadas durante su paso por la Liga MX y la FMF.

No porque todas hayan sido decisiones exclusivamente suyas ni porque todas puedan calificarse como equivocadas, sino porque juntas permiten observar qué prioridades han marcado el rumbo del futbol mexicano en los últimos años durante su gestión.

La crisis de FIFA y el cambio de postura de México

Arriola se puso en el ojo del huracán luego de conocerse el proyecto comercial presentado por Gianni Infantino.

FIFA planteó crear una nueva estructura empresarial que concentraría determinados negocios relacionados con sus competencias y permitiría la entrada de capital privado. La propuesta fue recibida con preocupación por distintos actores, entre ellos UEFA, mientras que Concacaf terminó rechazándola junto con sus 41 asociaciones miembro.

La confederación europea cuestionó la forma en que se había presentado el proyecto y reclamó que una transformación de esa magnitud debía pasar por los mecanismos institucionales correspondientes.

México, inicialmente, decidió no sumarse de inmediato a esa posición.

La FMF informó que analizaría la propuesta antes de fijar una postura definitiva. Hasta ahí, la decisión podía interpretarse como prudencia: conocer los detalles antes de tomar partido.

Pero el escenario cambió solo seis días después.

La Federación Mexicana publicó un nuevo posicionamiento en el que manifestó su respaldo al liderazgo de Infantino y defendió la importancia de respetar los procesos institucionales de FIFA.

El argumento resulta llamativo por el contexto: Concacaf había cuestionado precisamente la manera en que el proyecto había sido llevado adelante y México terminó separándose de esa postura

Como era de esperarse, diversos medios en todo el mundo reportaron que México estuvo entre las asociaciones que respaldaron a Infantino durante la disputa.

Poco después, el proyecto de FIFA fue retirado ante la oposición que había provocado.

El episodio dejó una pregunta abierta sobre la posición de la FMF: ¿se trató simplemente de una decisión institucional o también de una muestra de la importancia que tiene para México mantener una relación cercana con el actual liderazgo de FIFA?

La respuesta solo puede responderla con certeza la dirigencia. Pero el episodio sí permite revisar otros movimientos de la administración de Arriola y encontrar un patrón que se repite: una fuerte apuesta por la internacionalización y por el crecimiento comercial del futbol mexicano, aun cuando eso implique decisiones que han generado cuestionamientos sobre sus prioridades y su impacto deportivo.

Leagues Cup: la apuesta que más cuestionamientos ha generado

Si existe una competencia que resume esa estrategia, es la Leagues Cup.

La alianza entre Liga MX y MLS convirtió al torneo en uno de los principales proyectos de integración comercial entre ambos mercados. Para sus promotores, representa una oportunidad para aumentar ingresos, exposición internacional y acercamiento con el enorme mercado hispano de Estados Unidos.

El problema está en las condiciones deportivas. Desde que los 18 clubes de Liga MX comenzaron a participar en el formato actual, la mayoría de los partidos se ha disputado en Estados Unidos, lo que implica largos desplazamientos para los equipos mexicanos y, en muchos casos, jugar ante estadios llenos de aficionados locales.

La situación ha provocado cuestionamientos de jugadores, entrenadores y aficionados.

En 2024, el entonces portero de Xolos, Toño Rodríguez, expresó públicamente su inconformidad con las condiciones del torneo:

“No podemos hablar mal de la Leagues Cup porque si no nos multan”, dijo.

Las críticas no se limitan a la localía. Los viajes, el desgaste físico y la modificación del calendario también han formado parte de la discusión.

Para 2026 se introdujeron por primera vez algunos partidos en territorio mexicano. Sin embargo, la mayor parte de la competencia continúa disputándose en Estados Unidos.

Y la discusión sigue viva.

El entrenador de LAFC, Marc dos Santos, calificó recientemente la Leagues Cup como un torneo en el que “todo es financiero” y sugirió que deberían jugarse la mitad de encuentros en México, porque “las condiciones deberían ser más parejas”.

La declaración resulta relevante porque no proviene de un aficionado mexicano inconforme, sino de un integrante del futbol estadounidense.

La pregunta, entonces, no es si la Leagues Cup debe existir. La pregunta es si las condiciones actuales representan un verdadero equilibrio competitivo entre Liga MX y MLS o si el futbol mexicano está aceptando una desventaja deportiva a cambio de los beneficios comerciales de jugar en Estados Unidos.

Ascenso y descenso: de la promesa al estancamiento

El caso del ascenso y descenso tiene una particularidad importante.

Su suspensión ocurrió en 2020, antes de que Arriola asumiera la presidencia de la Liga MX. Por ello, sería incorrecto atribuirle directamente esa decisión, pero durante su gestión sí hubo compromisos concretos para buscar su regreso que no se han cumplido

En 2021, Arriola señaló que se trabajaba para recuperar el sistema a partir de la temporada 2023-24, sujeto a la certificación de los clubes de la Liga de Expansión.

En enero de 2023 volvió a defender públicamente esa posibilidad: “Lo que queremos es el regreso del ascenso y descenso, una vez logrado el control económico”

El tiempo, sin embargo, terminó jugando en contra de aquella promesa. Para la temporada 2026-27, el futbol mexicano continúa sin ascenso ni descenso y da la impresión de que no hay un real interés de regresar a este sistema que fomentaba más la competencia en ambos torneos.

De hecho, hace unos días Arriola se refirió a la Liga de Expansión como una “liga de desarrollo”, dejando claro que no hay interés en el corto plazo de reactivar el ascenso y descenso.

El Play-In y una reforma que terminó en pausa

Otro cambio importante durante la administración de Arriola fue la introducción del Play-In.

El nuevo formato comenzó a utilizarse en 2023 como sustituto del repechaje y buscaba modificar la clasificación a la fase final de la Liga MX.

La intención era generar mayor competencia y atractivo alrededor de los últimos lugares de clasificación.

Sin embargo, el mecanismo tampoco terminó de consolidarse.

El Play-In fue suspendido para el Clausura 2026, principalmente por las necesidades del calendario previo al Mundial.

La medida no significa que el sistema haya sido declarado un fracaso, pero sí muestra una constante en la gestión de la Liga MX: varias modificaciones importantes han tenido que ser revisadas hasta después de su implementación.

El formato puede regresar en el futuro, pero por ahora quedó fuera de la competencia, dejando dudas sobre si las decisiones de la FMF han sido bien planeadas y acertadas.

La multipropiedad: una transformación todavía pendiente

La multipropiedad es probablemente uno de los problemas estructurales más complejos que enfrenta la Liga MX.

En 2023, la FMF planteó cambios para terminar con esta práctica y estableció un horizonte hacia 2026 para modernizar las estructuras de propiedad de los clubes.

Aún hay casos pendientes. Arriola lo justifica diciendo que se han logrado avances y que algunas operaciones de venta habían permitido reducir el problema.

Pero este caso representa otro ejemplo de una transformación estructural que avanza, pero a un ritmo mucho más lento del que se planteó en un inicio.

Un modelo cada vez más orientado al negocio internacional

Vistos por separado, cada uno de estos casos puede tener explicaciones diferentes.

La Leagues Cup responde a una estrategia comercial con MLS.

El mantenimiento del sistema sin ascenso y descenso se relaciona con la estabilidad financiera de los clubes.

El Play-In buscó modificar el atractivo de la fase final.

Y la lucha contra la multipropiedad implica procesos de compraventa que no pueden resolverse de un día para otro.

Pero al observarlos juntos aparece una pregunta difícil de ignorar.

¿Qué modelo de futbol mexicano está construyendo Mikel Arriola?

La respuesta parece incluir una Liga MX cada vez más conectada con Estados Unidos, más enfocada en la generación de negocio internacional y con una estructura competitiva distinta a la de las principales ligas del mundo.

Es cierto que el futbol mexicano necesita generar más ingresos, atraer inversión y aprovechar el enorme mercado que representa Estados Unidos, pero el problema aparece cuando esos objetivos comienzan a chocar con las necesidades deportivas.

Ahí es donde aparecen las dudas alrededor de la Leagues Cup, del ascenso y descenso o de los cambios constantes en los formatos de competencia. Y ahí también adquiere relevancia lo sucedido recientemente con FIFA.

Esto provoca una interrogante que va más allá de la coyuntura:

¿La dirigencia del futbol mexicano está tomando sus decisiones pensando primero en el desarrollo deportivo de México o en la construcción de un producto cada vez más atractivo para el negocio internacional?

La respuesta no es sencilla y probablemente tampoco sea absoluta.

Lo que sí existe son hechos concretos: una Leagues Cup que mantiene una fuerte inclinación territorial hacia Estados Unidos, un ascenso y descenso que no volvió pese a las promesas de hacerlo, un Play-In que terminó en pausa y una multipropiedad cuya solución todavía está en proceso.

Y ahora, una FMF que decidió respaldar a Infantino después de una postura inicial mucho más cautelosa y de que Concacaf se pronunciara en contra de su proyecto.

Lo cierto es que el futuro del futbol mexicano no solamente dependerá de cuánto dinero pueda generar o de qué tan fuerte sea su presencia en Estados Unidos; también dependerá de qué tan dispuesto esté su liderazgo a escuchar a quienes hacen posible que ese negocio exista: los clubes, los jugadores y, por supuesto, los aficionados.

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