
Los directivos de la Federación Mexicana de Fútbol y de la Liga MX, encabezados por Ivar Sisniega, Francisco Iturbide y Mikel Arriola, le podrán poner rosas y arreglar sus proyectos con moño de gala. Sin embargo, al final del día, el fondo sigue siendo el mismo: una constante justificación de por qué en el balompié nacional el mérito deportivo está congelado y el ascenso simplemente no existe.
Así lo demostraron este jueves al anunciar la aprobación de un nuevo modelo deportivo que supuestamente busca darle un rostro vanguardista al balompié azteca a partir de 2027. Bajo el argumento de cerrar brechas institucionales y elevar el nivel de competencia, los altos mandos intentan vender una reestructuración que en el papel suena ideal, pero que en la práctica repite fórmulas conocidas.
De acuerdo con el plan presentado, la pirámide para aspirar al máximo circuito la encabezará la Liga de Expansión MX, escoltada por la Liga Premier, la Liga TDP y el Sector Amateur. La gran salvedad en este diseño es que cualquier club que aspire a enfrentar a las plantillas del América, Cruz Azul o Chivas, deberá cumplir con criterios de certificación similares a los que se le exigieron al Atlante, el caso más reciente en esta categoría.
Lo que convenientemente omite este proyecto, amarrado con lazos de oro, es que los Potros de Hierro no recuperaron su lugar en el mapa estelar por un logro puramente deportivo en la cancha, sino mediante una transacción financiera de bastantes millones de dólares para adquirir una franquicia en el escritorio.
Ahí es precisamente donde la puerca torció el rabo. De poco sirve que el proyecto contemple expandir el fútbol profesional a más de 100 ciudades en los 32 estados del país, o que presuma un gobierno corporativo para optimizar la gestión y dar mayor valor a las franquicias, si las reglas de competencia siguen condicionadas por el factor económico.
La realidad es que podrán cambiar la narrativa y los tecnicismos, pero en los hechos no existe un estímulo real al que puedan aspirar las plazas de provincia. Esos proyectos locales, históricamente relegados, difícilmente podrán reunir las condiciones que exige el prohibitivo cuaderno de cargos de la Liga MX.
Al final, la estructura cambia de forma, pero no de fondo; una estrategia que el aficionado mexicano conoce de sobra y que se resume en lo de siempre: puro atole con el dedo.
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