Ataque a narcolanchas no ha frenado el tráfico de drogas a EE.UU., según revelaría un informe de la DEA

La estrategia del gobierno de Donald Trump de bombardear presuntas narcolanchas en el Caribe y el océano Pacífico no ha logrado reducir el flujo de cocaína hacia Estados Unidos, de acuerdo con una evaluación interna de la Administración para el Control de Drogas (DEA) dada a conocer por The Washington Post.

Según el reporte, que fue consultado por el diario estadounidense, la campaña militar, que suma al menos 67 ataques contra embarcaciones sospechosas de transportar droga y más de 200 personas fallecidas, no ha provocado una disminución en la disponibilidad de cocaína ni un incremento en su precio dentro del mercado estadounidense, indicadores que suelen utilizarse para medir el impacto de las operaciones antidrogas.

La evaluación también señala que, lejos de desarticular las redes de tráfico, las organizaciones criminales han adaptado sus métodos de transporte y logística para mantener el suministro de droga hacia Estados Unidos, lo que pone en duda la eficacia de los bombardeos como herramienta para combatir el narcotráfico.

Desde el inicio de esta ofensiva, la administración Trump ha sostenido que las operaciones militares buscan impedir el ingreso de drogas al territorio estadounidense y golpear a las organizaciones dedicadas al narcotráfico.

Sin embargo, especialistas citados por The Washington Post cuestionaron tanto la legalidad como la efectividad de estos ataques, al señalar que las embarcaciones interceptadas transportan principalmente cocaína y no fentanilo, droga que llega mayoritariamente por rutas terrestres desde México.

De acuerdo con The Washington Post, la propia evaluación de la DEA contradice el argumento de que los bombardeos han debilitado las cadenas de suministro del narcotráfico.

Según los reportes, la campaña militar no solo ha dejado un elevado número de víctimas mortales, sino que también ha generado cuestionamientos sobre el uso de la fuerza en aguas internacionales y sobre la ausencia de pruebas públicas que demuestren que todas las embarcaciones atacadas estaban vinculadas con actividades del narcotráfico.

Los hallazgos sugieren que, pese al incremento de las acciones militares estadounidenses en el Caribe y el Pacífico, las organizaciones dedicadas al tráfico de cocaína continúan abasteciendo el mercado estadounidense mediante nuevas rutas y estrategias, sin que hasta ahora se observen resultados significativos en la reducción del flujo de drogas.

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