
El presidente Donald Trump ordenó este martes a la Administración de Servicios Generales (GSA) trabajar con la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) para retirar productos de origen canadiense de determinados programas federales de compras, una medida que eleva la tensión comercial entre Washington y Ottawa. Trump condicionó el regreso de esos productos a los programas gubernamentales a que Canadá ofrezca lo que calificó como una “reciprocidad plena y justa” para empresas y agricultores estadounidenses.
El mandatario hizo el anuncio a través de Truth Social, donde afirmó que los programas afectados representan más de $50,000 millones anuales. También acusó a los gobiernos federal y provinciales de Canadá de impedir que pequeñas empresas estadounidenses participen en mercados de contratación pública canadienses.
“¡De ahora en adelante, SIN RECIPROCIDAD, SIN ACCESO!”, escribió Trump, al ordenar a la GSA adoptar las medidas necesarias para excluir los productos canadienses de los llamados Programas de Adjudicación Múltiple. Estos programas permiten al gobierno federal y otras entidades públicas adquirir bienes y servicios comerciales mediante contratos previamente establecidos por la GSA.
Canadá responde con nuevos aranceles a productos estadounidenses
La decisión de Trump coincidió con la entrada en vigor de nuevos aranceles de represalia impuestos por Canadá sobre productos estadounidenses valorados en unos 27,600 millones de dólares canadienses, equivalentes a aproximadamente $20,000 millones de dólares estadounidenses.
Las tarifas canadienses, de entre 15% y 50%, afectan productos como acero, muebles, artículos electrónicos y otros bienes de consumo. Ottawa presentó las medidas como respuesta a los aranceles de 50% impuestos previamente por Washington a determinados productos canadienses.
La disputa se intensificó después del fracaso de las negociaciones comerciales entre ambos gobiernos en agosto. El primer ministro canadiense Mark Carney acusó a Washington de buscar una relación basada en la dependencia económica y sostuvo que algunas de las condiciones planteadas por Estados Unidos no permitían alcanzar un acuerdo justo.
Carney, sin embargo, dejó abierta la posibilidad de negociar un acuerdo “mutuamente beneficioso” y planteó reducir la dependencia canadiense del mercado estadounidense mediante la diversificación de exportaciones y el fortalecimiento de la producción nacional.
La escalada también genera nuevas interrogantes sobre el futuro del T-MEC, el acuerdo comercial que integra las economías de Estados Unidos, México y Canadá. Las nuevas medidas podrían aumentar los costos para empresas de ambos lados de la frontera y añadir incertidumbre a una relación comercial considerada fundamental para América del Norte.
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