
La organización científica Biohub, respaldada por Mark Zuckerberg y su esposa, Priscilla Chan, se asoció con el Gobierno de Donald Trump, Google y otras instituciones para impulsar un proyecto de $1,800 millones que busca utilizar inteligencia artificial (IA) para entender cómo funcionan las células humanas y anticipar su respuesta ante enfermedades y tratamientos.
La iniciativa, denominada Virtual Biology Initiative, pretende construir las bases de una “célula virtual” que permita a los investigadores realizar experimentos de manera digital antes de llevarlos al laboratorio.
El objetivo es identificar cuáles podrían ofrecer mejores resultados y reducir el tiempo y los costos asociados con el desarrollo de nuevos medicamentos. El proyecto combina recursos privados y federales. Meta, Google DeepMind e Isomorphic Labs aportarán conjuntamente $300 millones, mientras que el Departamento de Energía (DOE) destinará más de $500 millones durante cinco años a trabajos de medición, modelado y computación biológica.
Los Institutos Nacionales de Salud (NIH), por su parte, incorporarán conjuntos de datos biomédicos desarrollados con más de $500 millones en inversiones federales anteriores.
Una apuesta por construir una “célula virtual”
Biohub había comprometido previamente $500 millones para la iniciativa, anunciada inicialmente en abril. Ahora, sus responsables buscan ampliar de manera considerable la cantidad y calidad de información disponible para entrenar modelos de IA capaces de interpretar procesos biológicos.
Alex Rives, jefe de ciencia de Biohub, explicó que los conjuntos de datos actuales abarcan cientos de millones de células, pero que para desarrollar modelos predictivos más precisos será necesario llegar a miles de millones y, eventualmente, billones de células. “Necesitamos comprender el lenguaje de la biología, necesitamos comprender el lenguaje de la célula. Y eso no existe hoy en día”, afirmó Rives.
La primera etapa contempla recopilar información sobre distintos tipos de células y medir cómo reaccionan cuando cambian las condiciones de su entorno. Para ello se utilizarán tecnologías como la transcriptómica espacial, que permite observar la actividad molecular dentro de tejidos intactos.
Los investigadores esperan tener un primer conjunto de datos de gran escala en aproximadamente un año. Rives considera que en un periodo de cinco años podrían existir modelos predictivos capaces de ofrecer resultados útiles para la investigación.
Datos abiertos, pero con ventajas para empresas
Uno de los elementos centrales del acuerdo es que los datos generados terminarán siendo públicos, aunque las compañías que financien el proyecto tendrán un periodo de acceso exclusivo antes de su publicación. “Debemos ofrecer algún incentivo para que las empresas comerciales participen, y el período de embargo lo proporciona”, dijo Rives. “Pero se trata de un embargo de un año. Esto significa que los datos estarán disponibles muy rápidamente para la investigación científica”.
Priscilla Chan defendió el enfoque abierto de la iniciativa y señaló que los resultados deben servir como un recurso para la comunidad científica. “Hasta ahora, la biología ha sido una ciencia ingeniosa basada en el descubrimiento”, dijo Chan. “Siempre la hemos considerado un recurso comunitario, no solo para un grupo, para que pueda desarrollarse con el tiempo”.
El proyecto refleja una carrera creciente por aplicar IA a la investigación biomédica. Otras compañías y organizaciones también desarrollan iniciativas para generar datos biológicos y modelos capaces de acelerar el descubrimiento de tratamientos.
Para Biohub, el desafío consiste en cerrar la distancia entre los modelos digitales y la complejidad del mundo físico. La expectativa es que una mejor comprensión computacional de las células permita estudiar procesos como el envejecimiento, la regeneración y enfermedades como el Alzheimer. La alianza se anuncia poco después de que Zuckerberg y otros ejecutivos tecnológicos se reunieran con Trump en la Casa Blanca para discutir el desarrollo de la IA y sus mecanismos de seguridad.
En ese encuentro, los empresarios respaldaron principios voluntarios de seguridad mientras Trump defendió que la industria tecnológica se autorregule.
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