La música sonaba con fuerza dentro de la mansión. Los invitados reían, bailaban y levantaban sus copas mientras la fiesta alcanzaba su mejor momento.
En ese instante, Leo llegó en su bicicleta con tres cajas de pizza.
Julián abrió la puerta y sonrió con arrogancia.
—Miren quién llegó. La comida para los muertos de hambre.
Sus amigos comenzaron a reír.
—Tardaste demasiado —continuó Julián—. Aquí tienes tu propina.
Acto seguido, arrojó unas monedas al suelo.
Leo respiró profundamente y levantó la mirada.
—La comida llegó a tiempo. No había necesidad de hacer eso.
Julián se acercó unos pasos.
—Te pago como quiero. Si no te gusta, busca un trabajo de verdad en lugar de andar en bicicleta por la ciudad.
Leo guardó silencio y se inclinó para recoger las monedas.
En ese momento, Sofía apareció en la entrada.
—Julián, ¿qué está pasando aquí?
—Nada, mi amor. Este repartidor está causando problemas.
Sofía miró a Leo y, de pronto, su expresión cambió por completo.
—¿Leo?
El joven levantó la cabeza y sonrió.
—Hola, Sofía.
Julián observó a ambos con extrañeza.
—¿Lo conoces?
Las lágrimas comenzaron a correr por el rostro de la mujer.
—Claro que lo conozco. Hace un año tuve un terrible accidente y nadie quiso ayudarme. Nadie, excepto él.
Todos guardaron silencio.
—Leo fue el paramédico que me salvó la vida aquella noche —continuó Sofía—. Permaneció a mi lado hasta que llegué al hospital y se aseguró de que estuviera fuera de peligro.
Julián retrocedió un paso.
—Yo no sabía…
Sofía tomó la copa que él sostenía y la dejó sobre una mesa.
—Ese es el problema. Nunca te preocupas por conocer a las personas antes de juzgarlas.
Luego, se volvió hacia Leo.
—Gracias por salvarme la vida. Y gracias por abrirme los ojos una vez más.
Leo sonrió con humildad.
—Solo hice lo que cualquiera habría hecho.
—No —respondió Sofía—. Cualquiera no lo habría hecho.
Finalmente, la joven miró a los invitados y señaló la salida.
—La fiesta ha terminado. Todos deben irse.
Julián intentó disculparse, pero Sofía ya había tomado una decisión.
Aquella noche, el hombre que había sido humillado salió de la mansión con la frente en alto, mientras el hombre que se creía superior se quedó completamente solo.