Lorena lanzó varias carpetas sobre el escritorio y miró a Sofía con desprecio.
—¿Eres tonta o qué? ¡Te pedí los informes de auditoría impresos!
Sofía levantó la mirada y respondió con tranquilidad:
—Se los envié por correo hace una hora. El sistema ya no utiliza copias físicas.
Lorena golpeó el escritorio con fuerza.
—¡Aquí las reglas las pongo yo!
Acto seguido, tomó la taza de café de Sofía y la arrojó al suelo.
—Ahora limpia eso inmediatamente.
Los empleados guardaron silencio. Nadie se atrevió a intervenir.
Sofía se levantó lentamente y tomó una servilleta para limpiar el café derramado.
—Claro, señora Lorena.
En ese momento, la puerta se abrió y apareció Doña Carmen, acompañada por varios ejecutivos.
—¿Qué está ocurriendo aquí? —preguntó con seriedad.
Lorena cambió su expresión al instante y sonrió.
—No es nada importante. Esta practicante todavía no entiende cómo funcionan las cosas.
Doña Carmen observó el desastre en el suelo y luego miró a Sofía.
—¿Es eso cierto?
—No se preocupe. Todo está bajo control —respondió Sofía.
Doña Carmen caminó hacia ella y puso una mano sobre su hombro.
—Lorena, creo que es momento de decirte la verdad.
—¿De qué está hablando?
—Ella no es una practicante.
Lorena se quedó inmóvil.
—¿Qué acaba de decir?
—Ella es Sofía, la nueva directora general de Auditoría Global y mi socia principal.
La sonrisa desapareció del rostro de Lorena.
Sofía tomó su tableta, abrió un documento y se acercó a ella.
—Y ya que hablamos de reglas, quiero informarle que acaba de violar cinco normas de la empresa.
Lorena retrocedió un paso.
—No… esto no puede estar pasando.
—Sí está pasando —respondió Sofía—. Y su despido acaba de ser aprobado.
Los empleados se quedaron en silencio mientras Lorena bajaba la mirada.
Antes de salir de la oficina, Sofía se detuvo y pronunció una última frase:
—La diferencia entre el poder y la arrogancia es que el verdadero liderazgo nunca necesita humillar a nadie.