Se encontró con su ex embarazada mientras compraba una cuna con su nueva novia… ¡y una sola frase arruinó la felicidad de los dos!

Luca pensaba que estaba comenzando una nueva vida. Después de terminar una relación complicada, había conocido a una mujer rubia con la que estaba a punto de casarse. Aquella tarde, ambos llegaron a una elegante tienda de artículos para bebés para elegir la cuna de su futuro hijo.

Todo parecía perfecto hasta que Luca se quedó paralizado frente a una mujer que acariciaba su vientre mientras observaba las cunas.

Era Valentina, su exnovia.

Estaba embarazada de ocho meses.

Luca sintió que el corazón se le aceleraba. Se acercó lentamente, incapaz de apartar la mirada de su vientre.

—¿Ocho meses? ¡Terminamos hace exactamente ocho meses y medio! —exclamó, con la voz temblorosa.

Valentina se volvió hacia él. Al reconocerlo, dibujó una sonrisa fría.

—Las matemáticas nunca fueron tu fuerte, Luca. Sorpresa.

Él miró su vientre y después su rostro.

—¡Me dijiste que te habías mudado del país! ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Ese bebé es mío?

Valentina dejó de sonreír.

—¿Ahora quieres respuestas? Me bloqueaste de todas tus redes y cambiaste de número el mismo día que terminamos. Ni siquiera me diste la oportunidad de explicarte nada.

La nueva novia de Luca, que hasta ese momento había permanecido detrás de él, comenzó a escuchar con atención. Su expresión pasó de la curiosidad a la preocupación.

—Mi amor… ¿quién es ella? —preguntó—. ¿Y por qué está mirando la cuna que nosotros elegimos?

Luca se volvió hacia su prometida, pero no encontró palabras para responder.

Valentina observó a la mujer rubia y luego volvió a mirar a su ex.

—Tranquila, querida. No quiero a tu prometido. Pero hay algo que debes saber: el juez decidirá si Luca tiene que compartir su sueldo para mantener a su hijo. Disfruten su compra.

La mujer rubia abrió los ojos con incredulidad.

—¿Su hijo? Luca, dime que esto no es verdad.

—Yo… no lo sabía —respondió él, cada vez más nervioso.

Valentina tomó su bolso y se dirigió hacia la salida. Había pasado meses intentando comunicarse con Luca, pero él había decidido desaparecer de su vida sin escucharla.

Antes de cruzar la puerta, se detuvo.

—No te preocupes, Luca. No vine a pedirte amor ni a destruir tu nueva relación. Solo quiero que mi hijo tenga lo que necesita. Y si tú eres el padre, tendrás que asumir tu responsabilidad.

Luca dio un paso hacia ella.

—¡Espera! Tenemos que hablar.

Valentina lo miró por última vez.

—Tuvimos ocho meses para hablar. Tú elegiste no hacerlo.

Y se marchó.

La mujer rubia dejó la pequeña manta que llevaba en las manos y miró a Luca con lágrimas de rabia.

—¿Me trajiste a comprar una cuna mientras ocultabas que podías tener otro hijo? ¿De verdad pensabas casarte conmigo sin contarme esto?

—Te juro que no lo sabía —insistió Luca.

Ella retrocedió, incapaz de decidir si creerle.

En medio de la tienda, rodeado de cunas y juguetes, Luca comprendió que su pasado acababa de regresar y que no podría resolverlo simplemente cambiando de número.

Pero lo que ninguno de los dos sabía era que Valentina guardaba un documento médico que podía cambiarlo todo. Antes de marcharse, había recibido una llamada del hospital: necesitaban confirmar un dato sobre el bebé y el nombre de su padre aparecía en los registros.

¿Crees que Luca merece una oportunidad para demostrar que no sabía del embarazo, o debió buscar a Valentina antes de comenzar una nueva relación?