
Irak celebró este miércoles la retirada de las tropas estadounidenses desplegadas como parte de la coalición internacional contra el Estado Islámico (EI), con actos oficiales y festejos en Bagdad que marcaron el cierre de una misión militar iniciada hace 12 años y el traslado de la responsabilidad de seguridad a las fuerzas iraquíes.
“Nos hemos convertido en dueños de nuestro destino después de que nuestras decisiones fueran rehenes de Estados Unidos”, afirmó Mahmud Ibrahim, profesor iraquí de 45 años, quien calificó la jornada como “este día histórico” en el que el país “consolida su soberanía y la retirada de todas las tropas extranjeras”, citada por la agencia EFE.
El Gobierno iraquí declaró el 30 de septiembre como “Día de la Soberanía” y organizó actos en ministerios y dependencias públicas. Bagdad fue decorada con banderas nacionales y la plaza Tahrir se convirtió en uno de los principales escenarios de los festejos.
El primer ministro iraquí, Ali al Zaidi, aseguró que con el fin de la misión comienza una nueva etapa “caracterizada por la soberanía de Irak, la fortaleza de sus instituciones, la preparación de sus fuerzas y la unidad en la toma de decisiones”.
La retirada completa un proceso acordado por Washington y Bagdad en 2024. Ambos gobiernos establecieron entonces un calendario para terminar gradualmente la misión de la coalición y avanzar hacia relaciones bilaterales de seguridad. El plan contempló una segunda fase de transición que concluiría en septiembre de 2026, según el Departamento de Estado de Estados Unidos.
Las tropas estadounidenses habían regresado a Irak en 2014, a petición del Gobierno iraquí, ante el rápido avance del Estado Islámico, que llegó a controlar aproximadamente un tercio del país. Las fuerzas iraquíes, apoyadas por la coalición internacional, recuperaron el territorio ocupado y Bagdad declaró la derrota territorial del grupo yihadista en 2017.
La presencia militar extranjera, sin embargo, continuó durante los años siguientes para entrenar y asesorar a las fuerzas iraquíes y combatir a células remanentes del EI.
Para integrantes del Ejército, la salida supone también un cambio en la toma de decisiones. Un Teniente Primero iraquí, que pidió mantener su identidad en reserva, aseguró que las operaciones estarán ahora plenamente bajo mando nacional.
“Ahora, cuando se nos asigna una misión, no buscamos la aprobación de las fuerzas de la coalición ni de lo que se denomina el ‘bando amigo’. Ahora la decisión es puramente iraquí, y creo firmemente que la situación de seguridad mejorará”, afirmó.
El cierre de la misión no significa, sin embargo, el fin de la cooperación militar entre Washington y Bagdad. Estados Unidos e Irak prevén mantener una relación bilateral en materia de seguridad, incluido entrenamiento e intercambio de inteligencia, mientras las autoridades iraquíes asumen la responsabilidad principal de enfrentar a los remanentes del Estado Islámico.
La retirada tampoco cierra el debate sobre la presencia extranjera. Turquía mantiene fuerzas en el norte de Irak vinculadas principalmente con sus operaciones contra el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), mientras Irán conserva influencia sobre algunas facciones armadas iraquíes.
Sabah Ramadan, iraquí desempleado de 32 años, consideró que la soberanía no puede limitarse a la salida de la coalición y reclamó el retiro de otras fuerzas extranjeras.
“Espero que el Gobierno expulse a todas las fuerzas extranjeras, no solo a las de la coalición. Exijo que el Gobierno expulse a los asesores iraníes y espero que las fuerzas turcas y la oposición iraní también abandonen el territorio iraquí”, afirmó.
La jornada cierra así una etapa iniciada en 2014 con el avance del Estado Islámico, pero deja a Bagdad frente a un nuevo desafío: demostrar que sus fuerzas pueden preservar la seguridad, contener a los remanentes yihadistas y mantener bajo control estatal a los distintos grupos armados sin el respaldo operativo de la coalición internacional.
Sigue leyendo: