
Rusia ha incorporado a miles de extranjeros a sus fuerzas armadas para combatir en Ucrania mediante esquemas que incluyen falsas ofertas de empleo, coacción, amenazas y aprovechamiento de personas en situación migratoria o económica vulnerable, prácticas que en numerosos casos constituyen trata de personas, denunció a organización Amnistía Internacional en una nueva investigación.
El informe señala que las redes de reclutamiento han alcanzado principalmente a ciudadanos de países de bajos ingresos del Sur Global. Amnistía documentó testimonios de personas procedentes de Brasil, Colombia, Cuba, Egipto, Sierra Leona, Somalia, Sri Lanka y Sudáfrica, algunas de las cuales aseguraron que viajaron bajo la promesa de obtener empleos civiles bien remunerados y terminaron desplegadas en el frente ucraniano.
“La investigación de Amnistía demuestra que las fuerzas armadas rusas refuerzan sus filas con personas extranjeras en situación de vulnerabilidad económica y las utilizan como carne de cañón en la guerra de agresión contra Ucrania”, afirmó Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional.
La organización concluyó que el grado de explotación y coacción observado puede encuadrarse, en muchos casos, en la definición de trata de personas establecida por el Protocolo de Palermo de Naciones Unidas.
Uno de los principales mecanismos documentados por la organización consiste en ofrecer empleos aparentemente civiles en áreas como seguridad, logística, construcción, tecnologías de la información o transporte, acompañados de salarios elevados y, en algunos casos, de la posibilidad de obtener rápidamente la ciudadanía rusa.
El engaño, según Amnistía, comienza incluso antes de que las víctimas lleguen a Rusia. Agentes locales y anuncios fraudulentos captaron personas en Brasil, Colombia, Sierra Leona, Somalia, Sri Lanka y Sudáfrica con ofertas laborales que no tenían relación con el servicio militar.
Una vez en territorio ruso, algunos extranjeros descubrieron que las condiciones eran completamente diferentes.
Amnistía documentó el caso de un sudafricano que respondió por internet a una oferta para trabajar como conductor en Polonia. Un intermediario se comunicó con él por WhatsApp y le indicó que viajara a Moscú para recoger un camión.
“Cuando llegó a Moscú, le quitaron todo lo que llevaba. Le dijeron que no iría a Polonia y que iba a convertirse en soldado”, relató su esposa.
Otros extranjeros aseguraron que fueron inducidos a firmar documentos en ruso que no comprendían. Después de hacerlo, denunciaron que les retiraron pasaportes o teléfonos móviles, restringieron sus movimientos y los trasladaron bajo vigilancia hacia instalaciones militares.
Amnistía también encontró casos de ciudadanos cubanos y egipcios encarcelados por presunta posesión de drogas a quienes se les ofreció firmar contratos militares como alternativa a cumplir o terminar sus penas de prisión.
Para la organización, estos casos muestran cómo la irregularidad migratoria, el encarcelamiento y la precariedad económica pueden convertirse en instrumentos para alimentar el reclutamiento militar.
“O vas a la cárcel o te matamos”
La posibilidad de abandonar las fuerzas armadas después de firmar tampoco estaría garantizada.
Pedro, un especialista brasileño en informática, aseguró que llegó a Rusia después de aceptar lo que creía que era un contrato para un empleo tecnológico bien remunerado. Cuando comunicó a un superior que quería marcharse, recibió una amenaza.
“Si intentas escapar, o vas la cárcel o te matamos”, recordó.
Los testimonios también apuntan a una preparación militar mínima. La mayoría fue enviada a zonas de combate activo después de apenas dos semanas de entrenamiento, pese a que muchos carecían de experiencia militar.
Los entrevistados describieron además equipo insuficiente y dificultades para comunicarse con sus superiores debido a las barreras lingüísticas. Para Amnistía, estos elementos indican que el objetivo del reclutamiento era incrementar rápidamente el número de efectivos disponibles para el frente, con escasa consideración por su preparación o seguridad.
En este contexto, la organización hace referencia que en el Protocolo de Palermo de Naciones Unidas contempla como elementos de la trata el reclutamiento, transporte o recepción de personas mediante fuerza, coacción, fraude, engaño o abuso de una situación de vulnerabilidad con fines de explotación.
Amnistía sostiene que varios de esos elementos aparecen simultáneamente en los casos investigados: engaño sobre el trabajo que realizarían, aprovechamiento de vulnerabilidades económicas o migratorias, retención de documentos, restricciones de movimiento, amenazas y posterior utilización en operaciones militares.
La organización, sin embargo, no afirma que todos los extranjeros que combaten en las filas rusas sean víctimas de trata. Su conclusión se concentra en los casos en los que el reclutamiento estuvo acompañado por coacción, fraude, engaño o explotación de situaciones de vulnerabilidad.
Así, la ONG señala que Rusia también ha utilizado incentivos económicos para atraer nuevos soldados. El gobierno ofrece un pago federal de unos $4,800 dólares por firmar un contrato militar, cantidad que puede aumentar con aportaciones de las autoridades regionales.
En el caso de los extranjeros, Amnistía Internacional documentó además promesas de salarios elevados y acceso rápido a la ciudadanía rusa, dirigidas principalmente a personas en situación económica o migratoria vulnerable.
Sin embargo, varios de los entrevistados aseguraron que las promesas no se cumplieron. Algunos recibieron sólo una parte del dinero ofrecido antes de ser enviados al frente, mientras que otros afirmaron no haber recibido ningún pago.
Sigue leyendo: