Cámaras Flock, la red que sigue los movimientos de los autos en Estados Unidos

Las cámaras Flock han aparecido en carreteras, vecindarios, estacionamientos y entradas de ciudades en todo el país. Parecen cámaras de seguridad comunes, aunque funcionan como una red capaz de convertir el paso de los vehículos en datos consultables en pocos segundos.

Cómo funcionan las cámaras Flock

Flock Safety fabrica cámaras de reconocimiento automático de matrículas, conocidas como ALPR. Se instalan en postes y zonas de tránsito para capturar imágenes de los vehículos que pasan frente a ellas.

El sistema lee la matrícula y también identifica datos visibles como el color, la marca, el modelo, el tipo de carrocería, daños, pegatinas o accesorios. Cada detección queda asociada a una hora y a una ubicación concreta, formando un registro digital que puede buscarse posteriormente. 

Aquí está el punto clave. Flock no se limita a grabar imágenes, ya que utiliza software y aprendizaje automático para clasificar lo que detecta. Un usuario autorizado puede investigar, por ejemplo, la aparición de un sedán negro en una zona determinada durante una franja horaria concreta, incluso si no conoce su matrícula completa.

La plataforma también permite crear alertas. Si una placa está incluida en una lista vinculada con un coche robado, una persona desaparecida o una investigación policial, el sistema puede avisar a las autoridades. Flock sostiene que sus cámaras no usan reconocimiento facial. 

Los registros suelen eliminarse tras 30 días, aunque este plazo depende de contratos, clientes y normas locales. Puede sonar como un detalle menor, pero un mes de capturas basta para mostrar parte de la rutina de una persona que utiliza las mismas rutas con frecuencia. 

Las diferencias frente a una cámara convencional

Una cámara de seguridad tradicional funciona como un testigo visual. Graba una puerta, una tienda, un estacionamiento o una calle y, cuando ocurre algo, una persona revisa el material.

Las cámaras Flock llevan el asunto a otro nivel. Convierten la imagen de un vehículo en información ordenada y filtrable. No hace falta recorrer horas de video para localizar una pista. La plataforma puede buscar por matrícula, color, marca, modelo y otros detalles visibles.

La diferencia se parece a pasar de una cinta de video a un motor de búsqueda. Policías y gobiernos locales defienden esa rapidez porque puede ayudar a encontrar vehículos robados o generar pistas durante una investigación.

El problema aparece cuando el sistema registra vehículos de personas que no están bajo sospecha. Grupos defensores de las libertades civiles alertan que combinar muchas capturas puede revelar movimientos, horarios y lugares frecuentes de conductores comunes. 

La polémica constitucional crece

Las cámaras Flock son muy polémicas en varios estados porque activistas, residentes y expertos legales las consideran un posible mecanismo de vigilancia inconstitucional. La discusión se centra en la Cuarta Enmienda, que protege contra registros irrazonables por parte del gobierno.

La preocupación no surge solo por una imagen captada en una calle. El temor está en la posibilidad de formar un historial de desplazamientos sin una orden judicial y sin que las personas sepan qué agencia puede consultar esa información. Una matrícula puede convertirse en una llave para rastrear hábitos de movilidad. 

En Norfolk, Virginia, residentes demandaron a la ciudad por el uso de 176 cámaras Flock. Un juez federal falló en enero de 2026 que el sistema analizado no violaba los derechos constitucionales en ese caso concreto, aunque el debate continúa y el asunto sigue bajo apelación. 

Illinois vivió otra controversia en 2025. Autoridades investigaron informes sobre el acceso de agentes de Texas a datos de lectores de matrículas para localizar a una mujer vinculada con un caso de aborto. La ley estatal limita el uso de esos datos para investigaciones relacionadas con servicios de aborto e inmigración. 

Las cámaras Flock prometen velocidad y capacidad de respuesta, aunque también obligan a hacer preguntas incómodas. Quién consulta los datos, cuánto tiempo permanecen almacenados y qué controles existen para evitar abusos son cuestiones cada vez más urgentes.

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