Google tiene un plan para reponer el agua que consumen sus modelos de IA y lo quiere implementar antes de 2030

Nadie habla del agua cuando habla de inteligencia artificial. Se habla de energía, de chips, de la velocidad de los modelos y de cuánto cuestan. Pero hay un recurso que se está agotando en silencio cada vez que alguien le hace una pregunta a Gemini, usa el buscador de Google o entrena un modelo desde cero. 

El agua dulce está en el centro de uno de los debates ambientales más urgentes del sector tecnológico, y Google acaba de dar un paso que nadie esperaba tan pronto: reconocer el problema públicamente y presentar un plan con cifras, plazos y compromisos reales para revertirlo antes de que termine esta década.

El problema ecológico que nadie quería ver

Cada vez que usas Gemini, le haces una pregunta a un buscador o entrenas un modelo de IA, los servidores detrás de esa acción generan calor. Y ese calor necesita enfriarse. El método más eficiente sigue siendo el agua, que absorbe el calor y se evapora. El resultado es un consumo hídrico brutal y creciente. 

Los números son difíciles de ignorar. Google consumió alrededor de 22,700 millones de litros de agua en 2024 solo en sus centros de datos. Un estudio de la Universidad de California, en Riverside, estimó que hacer hasta 50 preguntas en una IA como ChatGPT puede consumir medio litro de agua. Y si extrapolamos eso a escala global, con miles de millones de consultas al día, el impacto deja de parecer anecdótico para convertirse en una crisis ambiental real. 

Para 2030, según proyecciones recientes, el consumo de agua asociado a la inteligencia artificial podría ser equivalente al de 1,300 millones de personas. Es una cifra que merece pausa, reflexión y, sobre todo, acción.

El plan de Google en cinco compromisos

El pasado 3 de junio, Google publicó un blog con cinco compromisos concretos en materia hídrica. No son promesas vagas ni declaraciones de intención bonitas para los informes de sostenibilidad. Son compromisos medibles, con cifras, fechas y proyectos en marcha.

El más ambicioso es el primero: reponer más agua de la que consumen sus centros de datos para 2030. Eso no significa igualar el consumo, sino superarlo. Google se ha fijado la meta de reponer el 120% del agua que utiliza, lo que implica devolver al entorno más de lo que extrae. Para lograrlo, la compañía ya tiene en marcha 165 proyectos de reposición distribuidos en 97 cuencas hidrográficas, que se espera devuelvan más de 19,000 millones de galones de agua al año en 2030, una cantidad suficiente para abastecer a toda la ciudad de Los Ángeles durante más de 40 días.

El segundo compromiso apunta a modernizar la infraestructura hídrica de las comunidades cercanas a sus instalaciones. Google ha destinado más de $500 millones de dólares para mejorar sistemas de abastecimiento, tratamiento de aguas residuales y proyectos de reutilización. Porque el problema no es solo el agua que Google consume: también es el estado crítico de muchas tuberías y redes de distribución que llevan décadas sin mantenimiento.

El tercer punto es quizás el más técnico pero igual de relevante. La empresa prometió proteger las cuencas hidrográficas más vulnerables eligiendo sistemas de refrigeración por aire en lugar de agua cuando los recursos locales estén bajo presión. Si una zona tiene riesgo hídrico alto, no se instala refrigeración líquida.

El cuarto compromiso habla de transparencia total en el reporte del consumo de agua. Google fue el primer gran proveedor de nube en publicar datos anuales sobre el uso hídrico de sus centros de datos, y se comprometió a seguir haciéndolo con mayor detalle.

El quinto y último eje es explorar fuentes alternativas, como el agua residual regenerada, para reducir la dependencia del agua dulce. En algunos condados de Georgia, por ejemplo, ya están probando este modelo con resultados prometedores.

Además, la empresa anunció una inversión adicional de 17 millones de dólares para nuevos proyectos de gestión hídrica en siete estados de EE.UU., incluyendo Georgia, Iowa, Michigan, Minnesota, Missouri, Nebraska y Texas.

¿Es suficiente este esfuerzo?

La respuesta honesta es que todavía no lo sabemos. En 2025, Google ya repuso más de 7 mil millones de galones de agua gracias a sus proyectos activos. Eso es un avance real. Pero el consumo también sigue creciendo conforme la IA escala, y la brecha entre lo que se consume y lo que se repone sigue siendo amplia.

Lo que sí es innegable es que Google está respondiendo a una presión pública creciente. En muchas comunidades de Estados Unidos hay protestas activas contra la construcción de nuevos centros de datos, precisamente por su impacto en los recursos hídricos locales. Ben Townsend, responsable de infraestructura y sostenibilidad de Google, declaró que la empresa quiere ofrecer un “modelo de referencia” que otras comunidades puedan usar al evaluar propuestas de nuevos centros de datos.

Es un paso adelante importante, y en el mundo de la tecnología, un plan de cinco puntos con inversiones reales y fechas concretas no es algo que se vea todos los días. Queda por ver si Google —y el resto de la industria— logra que la promesa se convierta en realidad antes de que la IA le quite el agua a quienes más la necesitan.

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