El reencuentro de dos viejos conocidos del Barcelona en las instalaciones de Chivas

El flamante timonel de la Selección Mexicana, Rafael Márquez, anda desatado haciendo su propio “scouting” de banqueta por los clubes de la Liga MX, y este miércoles 9 de septiembre le tocó hacer escala en la perrera más famosa de Zapopan: las instalaciones de Chivas en Verde Valle.

Ahí, el “Káiser” se sentó a tirar el chal con la directiva rojiblanca y, de paso, revivió viejas glorias al encontrarse cara a cara con el argentino Gabriel Milito, el mero mero del banquillo tapatío.
El estratega tricolor aterrizó en la Perla Tapatía desde el martes, donde su primer “check” en la lista fue la Academia AGA del Atlas.

Fiel a su plan de limar asperezas y estrechar manos con el balompié local, el michoacano se dejó caer en el nido de los de pantalón largo del Guadalajara. Pero Rafa no llegó solo; se trajo como escoltas a Duilio Davino, el encargado de las selecciones mayores, y a Andrés Lillini, el jefe de las inferiores.

Por el lado de la directiva de la escuadra rojiblanca, salieron al quite Alejandro Manzo, Jesús “Chapito” Sánchez y Javier Mier para fungir como los anfitriones de la comitiva.

Lo verdaderamente sabroso de la mañana fue ver el abrazo de dos viejos lobos de mar que alguna vez compartieron el vestidor del mismísimo Barcelona en sus épocas de gloria en España. Años después de aquellas batallas en el Viejo Continente, el destino los volvió a juntar, pero ahora con traje de pantalón largo en el futbol mexicano.

Hubo risas, palmadas, la obligada foto para el recuerdo y hasta intercambio de trapos: a Márquez le obsequiaron una playera del chiverío con su nombre grabado, mientras que al “Mariscal” Milito le pasaron la verde para que empiece a sentir los colores.

Ya entrados en gastos, el séquito de la Selección se plantó en la zona VIP para echarle el ojo a los trabajos matutinos del Rebaño Sagrado. Al ver al histórico cinco veces mundialista, varios futbolistas de Chivas no dudaron en romper filas por unos minutos para acercarse, saludarlo y de paso llenarle el ojo al nuevo patrón del Tricolor, buscando saltar a la cancha en las próximas convocatorias.

Eso sí, el gran ausente de la fiesta de gala fue el mero dueño del equipo, Amaury Vergara, quien brilló por su ausencia y dejó morir solos a sus directivos. Al final de la práctica, Márquez y sus acompañantes se encerraron otro ratito con la plana mayor del chiverío antes de agarrar sus cosas y pintar su raya de las instalaciones.

Fieles a la costumbre de no levantar polvo antes de tiempo, los enviados de la Federación Mexicana de Futbol se retiraron a paso veloz y sin soltar ni una sola palabra ante los micrófonos de la prensa que se quedó con las ganas de la nota de ocho columnas.

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