Mark Carney, primer ministro canadiense, se jactó de conseguir para su país más inversiones extranjeras directas de las concretadas por Estados Unidos en los últimos meses.
En respuesta a varios comentarios incómodos emitidos por el presidente Donald Trump, el responsable directo de coordinar la política canadiense le dio “una cachetada con guante” al enviarle un mensaje velado durante una rueda de prensa donde señala haber superado a su vecino del sur en cuanto a captación de inversiones foráneas directas y con respecto a la generación de empleos, al menos en el último trimestre.
“Canadá está creando empleos a un ritmo dos veces superior al de Estados Unidos. Recibimos inversiones extranjeras directas a un ritmo superior al de nuestro competidor más cercano del G7, Estados Unidos. Estamos viendo que el crecimiento se está recuperando este trimestre”, expuso.
Desde antes del nombramiento de Mark Carney como primer ministro canadiense, el magnate neoyorquino ya se había encargado de orquestar una campaña de sometimiento en contra de Canadá bajo la advertencia de anexarla a Estados Unidos.
Bajo la perspectiva de Trump, el gobierno canadiense se ha estado aprovechando de su vecino del sur a través de un tratado comercial donde también figura México como socio.

El argumento sostenido era que a ambos países se les estaba liberando de aranceles y en la proporción de lo que exportaban a Estados Unidos, con relación a sus importaciones, eran ellos quienes terminaban más beneficiados.
El punto de controversia surgió después, cuando Trump expresó abiertamente su interés por lograr sumar al territorio canadiense como una extensión de su nación.
De hecho, mientras pronunciaba esta semana un discurso en Las Vegas, Nevada, el político de 80 años expresó el desagrado que le causan algunos canadienses.
“Canadá es desagradable. Lo son. Son desagradables. Me encanta su gente, pero son desagradables. Tiene unos dirigentes desagradables”, subrayó.
Los comentarios de Donald Trump surgen en plena revisión del tratado comercial antes señalado y, días después, de que funcionarios del gobierno canadiense acudieron a Washington para negociar que, bajo ninguna circunstancia, se excluya al acero, aluminio, productos forestales y al sector automotriz, pues sin ellos ya no habría interés de comerciar.
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