
La Federación Italiana de Fútbol (FIGC) atraviesa una nueva crisis institucional después de que Paolo Maldini y Leonardo presentaran su renuncia apenas diez días después de haber asumido como director técnico y asesor, respectivamente. La salida de ambos dirigentes se produjo tras la decisión del presidente del organismo, Giovanni Malagò, de impedir la contratación de Andrea Pirlo como nuevo entrenador de la selección italiana.
De acuerdo con la información difundida por el periodista Fabrizio Romano, Maldini y Leonardo consideraban que Pirlo era el único candidato adecuado para liderar el nuevo proyecto deportivo de la Azzurra. Al quedar descartada esa posibilidad, ambos optaron por abandonar sus funciones de manera inmediata.
El bloqueo de la operación llegó cuando Pirlo ya había alcanzado un acuerdo verbal para dirigir a Italia hasta la Copa del Mundo de 2030. Incluso estaban previstas reuniones en Roma entre representantes del entrenador y la federación para avanzar en los últimos detalles, además de la rescisión de su contrato con el Manchester United, proceso que finalmente quedó suspendido.
El veto a Pirlo desató una crisis en la FIGC
Según Sky Sport 24, la negativa de Malagò estuvo relacionada con los vínculos comerciales de Pirlo con una empresa rusa de apuestas deportivas. El exmediocampista se desempeñaba como embajador global de esa plataforma, relación surgida durante su etapa en el United FC Dubai, cuyo propietario figura entre los principales accionistas de la compañía.
En medio de las sanciones internacionales vigentes contra Rusia, distintos sectores políticos italianos presionaron a la federación para evitar que el exfutbolista asumiera el cargo, al considerar incompatible que el seleccionador nacional mantuviera una relación comercial activa con una empresa de ese origen.
Pirlo respondió a la polémica mediante un comunicado publicado en sus redes sociales. “A lo largo de mi carrera, primero como jugador y ahora como entrenador, siempre he llevado a cabo mis actividades cumpliendo estrictamente con las leyes de los países en los que he trabajado y los contratos que he firmado”, expresó.
El exinternacional italiano también lamentó la situación y rechazó que su colaboración tuviera un trasfondo político. “Atribuirle un significado político a esta colaboración implicaría atribuirme creencias que nunca he expresado y que no son mías”, afirmó. Además, agradeció públicamente el respaldo recibido por Maldini y Leonardo y concluyó: “Mi amor por Italia no depende de una posición. Es parte de mi historia, de mi identidad, y siempre me acompañará”.
La situación deja a la FIGC obligada a reorganizar la búsqueda de un nuevo seleccionador. Para el martes 28 de julio está prevista una reunión del Consejo Federal, en la que inicialmente se esperaba oficializar el nombramiento de Pirlo. Ahora, según fuentes cercanas al organismo citadas por Sky Sport 24, la prioridad será encontrar un técnico con experiencia para asumir un proyecto que atraviesa un momento delicado.
Entre los nombres que vuelven a aparecer como posibles alternativas figuran Roberto Mancini y Antonio Conte. Anteriormente también habían sido evaluados Pep Guardiola y Carlo Ancelotti, aunque esas opciones no prosperaron. Guardiola, según Fabrizio Romano, rechazó la propuesta por motivos familiares.
El contexto aumenta la presión sobre la federación. Italia no ha logrado clasificarse para las últimas tres ediciones de la Copa del Mundo y no disputa un Mundial desde Brasil 2014, una situación inédita para una selección que cuenta con cuatro títulos mundiales.
Mientras tanto, el ministro de Deportes, Andrea Abodi, pidió “arreglar esta mala imagen”. A la salida de la reunión convocada por Malagò, varios dirigentes aseguraron haberse enterado de las renuncias por los medios de comunicación. El presidente de la Serie A, Ezio Maria Simonelli, reconoció que la decisión no lo sorprendía y lamentó la posible salida de Maldini, mientras que Giancarlo Abete, presidente de la Liga Nacional de Aficionados, señaló que las dimisiones todavía no habían sido formalizadas.
Malagò abandonó la sede de la FIGC sin hacer declaraciones, mientras distintos medios italianos anticipan que cualquier comunicación oficial se produciría después de la reunión del Consejo Federal.
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