
La relación entre la Concacaf y la FIFA pasó de ser tensa a estar literalmente más fría que en Siberia. El último capítulo de esta ruptura dejó en claro que los dos organismos ya ni se soportan, luego de que Victor Montagliani, presidente de la confederación norteamericana, le pidió directamente a Gianni Infantino que mejor se abstuviera de asistir a un torneo juvenil en la República Dominicana para evitar que su polémica presencia congelara el ambiente deportivo de los niños.
La manzana de la discordia fue una carta donde Montagliani le rogó al mandamás de la FIFA recular en su agenda para la Serie Sub-14 de la Unión Caribeña de Futbol. El directivo canadiense argumentó que la crisis de gobernanza desatada por el polémico plan financiero conocido como FIFA Forward Enterprise iba a terminar por robarse los reflectores de la prensa, arruinando un evento puramente formativo.
Fiel a su estilo, a Infantino le importó poco el aviso de tormenta, ignoró la petición, armó las maletas y viajó al Caribe asegurando en sus redes que su única intención era seguir creando oportunidades para la juventud.
Lo más curioso del viaje fue que Montagliani también andaba por tierras dominicanas y aunque ambos jerarcas se reunieron con el ministro de Deportes local, Kevin Cruz, las citas se agendaron con pincitas y por separado para no tener que cruzarse las miradas.
El verdadero trasfondo de este gélido distanciamiento es el dinero y el poder. La Concacaf encabezó una rebelión total contra Infantino cuando este intentó privatizar el 20 por ciento de los derechos comerciales del Mundial para vendérselos a inversionistas particulares por la estratosférica suma de 4 mil 200 millones de dólares.
Las 41 asociaciones de la zona pusieron el grito en el cielo ante la falta de transparencia en el manejo del negocio y aunque la presión obligó a la FIFA a enfriar y retirar el proyecto, la desconfianza mutua dejó la relación en el punto de congelación.
En este tablero de ajedrez político, las traiciones están a la orden del día. La UEFA y la confederación asiática hicieron bloque con Concacaf para frenar la propuesta económica de Infantino, mientras que África y los países árabes cobijaron al italo-suizo.
Curiosamente, en nuestra propia zona hay quienes juegan a dos bandas, pues la Federación Mexicana de Futbol firmó el reclamo colectivo de Concacaf, pero en la espalda le manifestó su total respaldo al presidente de la FIFA.
Como una declaración abierta de que el diálogo está roto y no hay marcha atrás, la Concacaf ya cocina una alianza histórica con la UEFA para lanzar una Nations League conjunta en 2028. Este megaproyecto que destapó el diario The Guardian planea adueñarse de las fechas internacionales de otoño con un formato de ligas que culminaría en un Final Four veraniego.
Para gigantes de la región como México, Estados Unidos y Canadá, esto representa una mina de oro deportiva porque les permitiría competir de forma regular contra potencias de la talla de Francia, Alemania o España, logrando ingresos millonarios y de paso demostrando que pueden armar su propia fiesta sin pedirle permiso a una FIFA que cada vez se queda más sola en su propio trono.
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