
La historia de trenes en Estados Unidos en algún momento fue la envidia de muchas naciones, ubicando a dicha nación en una potencia, pero desde hace ya más de medio siglo la historia es otra.
Japón, Francia y China son algunas de las naciones que son famosas por tener trenes de pasajeros de alta velocidad.
Estados Unidos se ha quedado atrás en este tema, pero todo se debe en gran parte a un aspecto muy cultural: es una nación de automóviles.
Existe una empresa ferroviaria privada en Florida, fundada en 2012, que tenía rodando trenes amarillos a grandes velocidades entre Miami y Orlando.
Según CNN, Brightline se planteba poner en funcionamiento trenes de alta velocidad que alcancen los 320 km/h y hacer rutas entre Las Vegas y Rancho Cucamonga, ubicado en California, a las afueras de Los Ángeles.
Pero la bancarrota tocó las cuentas de esta empresa y no logró generar suficiente dinero para pagar sus deudas, poniendo en pausa los planes de trenes de alta velocidad, pese a que sigue operando en Florida.
¿Cultura o falta de apoyo?
El defensor de tren de alta velocidad, Lou Thompson, le aseguró a CNN que la falta del tren de alta velocidad en Estados Unidos es por culpa de recursos gubernamentales.
Thompson participó en la creación de Amtrak y fue asesor ferroviario del Banco Mundial; dijo que los gobiernos extranjeros “querían trenes de alta velocidad y estaban dispuestos a pagar por ello (…) nuestro gobierno nunca ha cumplido esas dos promesas”.
Al contrario de otras naciones, Estados Unidos ha concentrado su crecimiento en las autopistas interestatales y el sistema de tráfico aéreo, cubriendo la alta necesidad de movilidad y comunicación segura de un país que crecía rápidamente tras la Segunda Guerra Mundial.
La industria automotriz, petrolera y la de la construcción también son grandes factores que ejercen una inmensa presión para que los trenes de alta velocidad no avancen.
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